viernes, 3 de agosto de 2018

017 Militares progresistas


Hace algún tiempo leí en el Diario unas declaraciones del ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) Julio Rodríguez donde manifestaba haber sido “un militar progresista”. Podría haber dicho que era un militar de izquierdas porque en España, lamentablemente, son términos sinónimos.
Personalmente me parece irrelevante el pensamiento político de un militar, lo mismo que no me preocupa su estado civil o su religión. Lo que sí me parece del máximo interés es que dedique su esfuerzo a cumplir las funciones que la Constitución  encomienda al conjunto de  las fuerzas armadas.
Militares como Eisenhower, Patton o Montgomery no han pasado a la historia por su ideología, sino por haber llevado a los ejércitos de sus países a la victoria. No menciono a grandes generales como Rommel o Zhúkov porque las directrices políticas no emanaban de jefes de gobiernos democráticos sino de tiranos sanguinarios que, en no pocas ocasiones, interferían con criterios políticos en cuestiones tácticas. Es el caso de Stalin en relación con el uso de columnas blindadas por parte de Zhúkov.
Es preciso que en España no se conozca a los militares por su ideología sino por su disciplina y su capacidad para utilizar los recursos que se ponen a su disposición. Los ciudadanos tenemos derecho a exigir que el comportamiento de un general como  Julio Rodríguez sea el pertinente, con independencia de su propia percepción ideológica o del color político del gobierno de turno.
 Esta cuestión no es baladí y conviene recordar que la politización del ejército es uno de los factores que contribuyeron al desencadenamiento de la guerra civil española. El presidente Azaña, consciente de este problema, llegó a expresar en las Cortes de la II República que lo único que en el ejército importaba de verdad era la disciplina y no el fervor o el signo de las convicciones políticas. Este pensamiento es perfectamente válido para las fuerzas armadas de nuestros días.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)