jueves, 2 de agosto de 2018

005 La diputada Bescansa y otras mujeres


Hace unos días la señora Bescansa, diputada de Podemos, dedicó una parte de su esfuerzo parlamentario a “visibilizar lo que hay en la calle en las instituciones”. La señora diputada parece no conocer que visibilizar es según el DRAE: Hacer visible artificialmente lo que no puede verse a simple vista como con los rayos X los cuerpos ocultos, o  con el microscopio los  microbios. No creo que ella se valiera de ningún artificio para mostrarnos su imagen de joven madre con un  niño muy hermoso de nombre Diego.  Se equivoca, asimismo, en dar por supuesto que su gesto teatral y demagógico era necesario. Todo el  mundo sabe lo que sucede en la calle y, probablemente, mejor y más ampliamente que ella. Por supuesto, no es un problema microscópico ni se arregla con rayos X pero si se requiere para abordarlo una dosis de realismo del que la que señora de Podemos, probablemente, carece. La imagen que la señora Bescansa proyecta es la de una madre joven que disfruta de su hijo mientras trabaja, sabedora de que cuando sea necesario  será atendido en la excelente guardería del Congreso.

La señora diputada a la que nos referimos, ya metida en faena (introducir una papeleta en una urna), recibió la ayuda de su jefe Pablo Iglesias, que sostuvo cariñosamente al joven Diego. La “realidad” laboral de la diputada se completa con los “privilegios” comunes a todos los diputados: horario flexible, jornada reducida, no más de cuatro días laborables a la semana, tres meses de vacaciones, viajes gratis, jugosas dietas, teléfonos y equipos informáticos de última generación, maletines de calidad… Parece razonable pensar que la situación laboral de nuestros administradores es muy buena y, personalmente, creo que así debe ser para que puedan desarrollar sus tareas eficientemente. Estimo, sin embargo, que el gesto de la señora diputada fue irresponsable y poco ejemplarizante. El riesgo de la autocomplacencia es que puede desembocar en el narcisismo y, por lo tanto, en la parálisis lo que resulta poco recomendable para una diputada.

            El mismo día que la señora Bescansa montaba su pantomima en el Congreso de los Diputados, pude contemplar en el paseo de la Castellana a una joven guardia civil que portando su ametralladora reglamentaria velaba por nuestra seguridad. Ella, si es madre de un niño pequeño como Diego, no podrá llevárselo a su puesto de trabajo ni tendrá jefes que, a diferencia de Pablo Iglesias, se dediquen a cobijar al pequeño entre sus brazos. La “realidad” de la diputada en el Parlamento, contrasta con la situación de la mayoría de las mujeres trabajadoras que soportan jefes por doquier, horarios que cumplir, compromisos de producción verificables y evaluables, largas jornadas de trabajo y, en ocasiones, salarios insuficientes. No creo que la señora diputada haya tenido nunca una situación parecida y, por ello, me parece inadecuado que se muestre como ejemplo.

            Con el gesto que comentamos la señora diputada lo único que ha hecho visible son los privilegios de los que gozan diputados y senadores. Por ello, convendría que la señora Bescansa, miembro de un partido tan igualitarista como Podemos,  renunciara a todo lo  que la separa de las mujeres a las que cree representar.

Finalmente, resulta indignante que la señora Bescansa haga ostentación de sus privilegios y, al mismo tiempo, se postule como una abanderada de los derechos de la mujer. Desde mi punto de vista lo mejor que podría hacer, en sus  cuatro años de contrato en el Congreso de los Diputados, es olvidarse de los gestos teatrales que tanto le gustan y contribuir con su esfuerzo a la creación de normas que mejoren la calidad de vida de las mujeres.


                                                      Roque Gómez Jaén     Puerto Real (Cádiz)