Hace unos días la señora
Bescansa, diputada de Podemos, dedicó una parte de su esfuerzo parlamentario a
“visibilizar lo que hay en la calle en las instituciones”. La señora diputada
parece no conocer que visibilizar es según el DRAE: Hacer visible
artificialmente lo que no puede verse a simple vista como con los rayos X los
cuerpos ocultos, o con el microscopio
los microbios. No creo que ella se
valiera de ningún artificio para mostrarnos su imagen de joven madre con un niño muy hermoso de nombre Diego. Se equivoca, asimismo, en dar por supuesto
que su gesto teatral y demagógico era necesario. Todo el mundo sabe lo que sucede en la calle y,
probablemente, mejor y más ampliamente que ella. Por supuesto, no es un
problema microscópico ni se arregla con rayos X pero si se requiere para
abordarlo una dosis de realismo del que la que señora de Podemos,
probablemente, carece. La imagen que la señora Bescansa proyecta es la de una
madre joven que disfruta de su hijo mientras trabaja, sabedora de que cuando sea
necesario será atendido en la excelente
guardería del Congreso.
La señora diputada a la que nos
referimos, ya metida en faena (introducir una papeleta en una urna), recibió la
ayuda de su jefe Pablo Iglesias, que sostuvo cariñosamente al joven Diego. La
“realidad” laboral de la diputada se completa con los “privilegios” comunes a
todos los diputados: horario flexible, jornada reducida, no más de cuatro días
laborables a la semana, tres meses de vacaciones, viajes gratis, jugosas
dietas, teléfonos y equipos informáticos de última generación, maletines de
calidad… Parece razonable pensar que la situación laboral de nuestros
administradores es muy buena y, personalmente, creo que así debe ser para que puedan
desarrollar sus tareas eficientemente. Estimo, sin embargo, que el gesto de la
señora diputada fue irresponsable y poco ejemplarizante. El riesgo de la autocomplacencia
es que puede desembocar en el narcisismo y, por lo tanto, en la parálisis lo
que resulta poco recomendable para una diputada.
El mismo
día que la señora Bescansa montaba su pantomima en el Congreso de los
Diputados, pude contemplar en el paseo de la Castellana a una joven guardia
civil que portando su ametralladora reglamentaria velaba por nuestra seguridad.
Ella, si es madre de un niño pequeño como Diego, no podrá llevárselo a su
puesto de trabajo ni tendrá jefes que, a diferencia de Pablo Iglesias, se
dediquen a cobijar al pequeño entre sus brazos. La “realidad” de la diputada en
el Parlamento, contrasta con la situación de la mayoría de las mujeres
trabajadoras que soportan jefes por doquier, horarios que cumplir, compromisos
de producción verificables y evaluables, largas jornadas de trabajo y, en
ocasiones, salarios insuficientes. No creo que la señora diputada haya tenido
nunca una situación parecida y, por ello, me parece inadecuado que se muestre
como ejemplo.
Con el gesto que comentamos la señora
diputada lo único que ha hecho visible son los privilegios de los que gozan diputados y senadores. Por ello,
convendría que la señora Bescansa, miembro de un partido tan igualitarista como
Podemos, renunciara a todo lo que la separa de las mujeres a las que cree
representar.
Finalmente, resulta indignante que
la señora Bescansa haga ostentación de sus privilegios y, al mismo tiempo, se
postule como una abanderada de los derechos de la mujer. Desde mi punto de
vista lo mejor que podría hacer, en sus cuatro
años de contrato en el Congreso de los Diputados, es olvidarse de los gestos
teatrales que tanto le gustan y contribuir con su esfuerzo a la creación de normas
que mejoren la calidad de vida de las mujeres.
Roque Gómez Jaén Puerto Real (Cádiz)