El
término que da nombre a esta Carta al
Director está de moda, sobre todo en la gestión de servicios públicos, y da la
impresión que siguiendo el protocolo no hay que apurarse: no importa las
hectáreas de monte quemadas o las personas que mueren en los hospitales
esperando atención. Yo creo que los protocolos deben ser siempre transitorios,
evaluados permanentemente y, en caso de desastre de categoría, pedir
responsabilidades a los inspiradores de los dichosos protocolos.
Lo
que digo viene a cuento porque en el ámbito sanitario el término se emplea con
frecuencia pero resulta que, ante idéntica situación, los protocolos dependen
de la comunidad autónoma en la que usted habita y paga sus impuestos. En la
comunidad autónoma de Madrid, se ha puesto en marcha un protocolo de prevención
del cáncer de colon y recto que se dirige a todos los hombres y mujeres de
edades comprendidas entre los 50 y 69 años. Las personas de dicho tramo de edad
sólo tienen que esperar la llamada de su centro de salud.
Pues
bien, en Andalucía no tenemos nada parecido. Si usted le pregunta a su médico,
le dirá, con toda probabilidad, que el protocolo en Andalucía es diferente; por
supuesto, nadie le llamará del SAS y la prueba se le realizará si el paciente
presenta alguna sintomatología compatible con el cáncer a que nos referimos.
Así,
mientras la sanidad madrileña es capaz de informar a sus ciudadanos con el
lema: Espere nuestra llamada que no le sorprenda el cáncer de colon,
en nuestra comunidad autónoma no sabemos si el SAS adoptará alguna medida
semejante.
Para
más inri, la prueba diagnóstica es particularmente barata y el diagnóstico a
tiempo además de salvar vidas –fin esencial de la sanidad- supone, a largo
plazo, ahorrar cantidades ingentes de recursos económicos a las arcas públicas
porque intervenir en un cáncer precoz, es más barato que hacerlo en uno ya
desarrollado.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)