La prosopagnosia es una enfermedad que se
caracteriza por la incapacidad para reconocer los rostros; parece ser que
afecta al 2,5% de la población y, aunque es conocida desde el siglo XIX, no ha
sido estudiada profundamente hasta poco después de la segunda guerra mundial.
Los afectados por este trastorno, como es fácil de entender, tienen
dificultades en el trato con otras personas y, con frecuencia, se les tacha de
desconsiderados cuando, en realidad, sólo padecen una enfermedad. Últimamente,
cuando veo a nuestros políticos en la televisión, hay momentos en los que creo
que sufro prosopagnosia: no reconozco sus rostros, confundo la expresión no
verbal de los personajes y soy incapaz de relacionarlos con el corte de pelo,
barbas, bigotes, gafas, corbatas y el atuendo de cada uno de ellos.
Comprobé
que no estaba afectado por el trastorno
citado cuando cambié de canal. Se trata, en definitiva, que a nuestros
políticos tras un año de campaña electoral, no podemos reconocerles sus rostros
porque están en pleno proceso de transformación. Es el precio que pagan por
pasar de gusano a mariposa. Sin embargo,
lo peor que les puede suceder es quedarse
convertidos en crisálidas.
Roque
Gómez Jaén
(Puerto Real)