Hace
unos días leía un libro llamado La
emoción de educar. Se trata de un libro colectivo en el que intervienen
veinticuatro personalidades vinculadas con la educación, las artes y el
deporte. En la introducción, se afirma que todos guardamos en la memoria a los
maestros que labraron nuestro destino. En mi caso es así, he disfrutado de
buenos maestros y profesores a lo largo de mi educación y, compartiendo la idea
ya expresada, siempre estaré agradecido al maestro que llamó a mis padres para recomendarles
que me llevaran a otro centro donde podría hacer el bachillerato. Con su iniciativa
y el apoyo de mis padres, mi vida cambió.
También
se recoge en la presentación del librito lo siguiente: las nuevas generaciones serán, en buena medida, lo que logren nuestras
maestras y maestros… Pensando en lo que lleva sucediendo en Cataluña donde,
desde hace décadas, se adoctrina sistemáticamente a los alumnos, sólo me queda
la esperanza de que la plasticidad del
ser humano se imponga a la acción adoctrinadora en la que se afanan maestros y
profesores, medios de comunicación y, fundamentalmente, las propias familias.
De no ser así, el problema catalán no se va a solucionar porque el daño que se
ha tolerado es muy grande.
Curiosamente,
de este hermoso libro lo que más me ha gustado ha sido la aportación de Forges: en su dibujo un libro, con tres
cabezas lectoras, sobrevuela un pueblecito y aparece su definición: Educarse
es volar a la libertad.
Los
maestros y profesores que adoctrinan a sus alumnos en Cataluña, nunca podrán
decir que han educado a sus alumnos porque, enfangados en el totalitarismo del pensamiento
único, no permiten que la hermosa definición de Forges se haga realidad.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)