domingo, 5 de agosto de 2018

085 Los ladrones somos gente honrada


Los separatistas catalanas inventaron el famoso: España nos roba, que ha calado en la sociedad catalana. Sin embargo, el resto de los españoles no robamos a Cataluña pero sí le compramos en cantidades ingentes; a veces, innecesariamente. No tengo inconveniente en que las empresas catalanas vendan en toda España, aunque los intercambios comerciales no sean equilibrados.
A modo de ejemplo, un consumidor gaditano recién levantado utiliza un buen número de artículos de aseo: gel de baño, lociones, colonias, cremas y desodorantes, de origen catalán. En algunos supermercados, su presencia es casi de monopolio.
Ya en el desayuno, compramos café, pan, pastelitos, cacao, productos dietéticos… todos pueden proceden de Cataluña.
En las comidas del día podemos elaborar el menú con productos catalanes: caldos, sopas, harinas, pastas, alimentos elaborados, embutidos, quesos, vinos, licores, espumosos, frutos secos… No se privan de nada, nos venden hasta aceite de oliva.
Si nos adentramos en otros tipos de comercio la situación es muy parecida: un empleado de una tienda de material eléctrico me contaba hace unos días que el 70% de sus ventas tiene origen catalán; en  las farmacias un buen porcentaje de sus productos son catalanes (no incluyo los fármacos propiamente dichos porque, al venir impuestos por las autoridades sanitarias, el consumidor no tiene alternativa); si terminamos nuestro recorrido en una librería el porcentaje de libros editados en Cataluña es elevadísimo.
Muchas empresas catalanas solo sirven de intermediarias entre los productores extranjeros y los consumidores españoles. Prescindir de ellas sería relativamente fácil.
Los comerciantes catalanes venden sus productos no solo por su calidad, influye también la buena voluntad y las relaciones afectivas de los consumidores españoles. Lo que resulta inadmisible es que los separatistas y sus colaboradores tachen de ladrones a sus clientes que somos todos.
Amigo lector: ¿Aceptaría usted que un comerciante cualquiera le dijera en su propia cara que prefiere que no le compre sus productos? ¿Aceptaría que en el acto de comprar ese mismo comerciante le llamara ladrón?
En algunos supermercados de Cádiz si los separatistas  señalaran con una banderita los productos catalanes, el local parecería la plaza de san Jaime en día de exaltación patriótica.
Los separatistas catalanes saben que, cumplidos sus objetivos, los productos que ahora venden en el resto de España serían gravados con aranceles muy altos, sufrirían un boicot gigantesco y los porcentajes percibidos en concepto de IVA desaparecerían. Pese a saberlo lo ocultan. Del mismo modo, saben que los que ellos llaman ladrones somos gente honrada.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)