Los separatistas catalanas inventaron
el famoso: España nos roba, que ha calado en la sociedad catalana. Sin
embargo, el resto de los españoles no robamos a Cataluña pero sí le compramos
en cantidades ingentes; a veces, innecesariamente. No tengo inconveniente en
que las empresas catalanas vendan en toda España, aunque los intercambios
comerciales no sean equilibrados.
A modo de ejemplo, un consumidor
gaditano recién levantado utiliza un buen número de artículos de aseo: gel de
baño, lociones, colonias, cremas y desodorantes, de origen catalán. En algunos
supermercados, su presencia es casi de monopolio.
Ya en el desayuno, compramos café,
pan, pastelitos, cacao, productos dietéticos… todos pueden proceden de Cataluña.
En las comidas del día podemos
elaborar el menú con productos catalanes: caldos, sopas, harinas, pastas,
alimentos elaborados, embutidos, quesos, vinos, licores, espumosos, frutos
secos… No se privan de nada, nos venden hasta aceite de oliva.
Si nos adentramos en otros tipos de
comercio la situación es muy parecida: un empleado de una tienda de material
eléctrico me contaba hace unos días que el 70% de sus ventas tiene origen
catalán; en las farmacias un buen
porcentaje de sus productos son catalanes (no incluyo los fármacos propiamente
dichos porque, al venir impuestos por las autoridades sanitarias, el consumidor
no tiene alternativa); si terminamos nuestro recorrido en una librería el
porcentaje de libros editados en Cataluña es elevadísimo.
Muchas empresas catalanas solo sirven
de intermediarias entre los productores extranjeros y los consumidores
españoles. Prescindir de ellas sería relativamente fácil.
Los comerciantes catalanes venden sus
productos no solo por su calidad, influye también la buena voluntad y las
relaciones afectivas de los consumidores españoles. Lo que resulta inadmisible
es que los separatistas y sus colaboradores tachen de ladrones a sus clientes
que somos todos.
Amigo lector: ¿Aceptaría usted que un
comerciante cualquiera le dijera en su propia cara que prefiere que no le compre
sus productos? ¿Aceptaría que en el acto de comprar ese mismo comerciante le
llamara ladrón?
En algunos supermercados de Cádiz si los
separatistas señalaran con una banderita
los productos catalanes, el local parecería la plaza de san Jaime en día de
exaltación patriótica.
Los separatistas catalanes saben que,
cumplidos sus objetivos, los productos que ahora venden en el resto de España
serían gravados con aranceles muy altos, sufrirían un boicot gigantesco y los
porcentajes percibidos en concepto de IVA desaparecerían. Pese a saberlo lo
ocultan. Del mismo modo, saben que los que ellos llaman ladrones somos gente
honrada.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)