sábado, 4 de agosto de 2018

021 Jueces rabiosamente independientes


 Hace unos días durante la apertura del año judicial escuché al presidente del Tribunal Supremo, al tratar sobre la corrupción, que los españoles teníamos cinco mil jueces “rabiosamente independientes” para combatir dicha lacra.
Cuando escucho o leo expresiones como la citada, no puedo dejar de pensar que la democracia española –ciertamente joven- presenta rasgos preocupantes de inmadurez. Yo no quiero jueces “rabiosamente independientes”, sólo espero que sean independientes sin añadidos de rabia, ira, enojo o cólera. Desde mi punto de vista, el poder que los ciudadanos hemos concedido a nuestros jueces es tan descomunal que es preciso que en sus actuaciones dichos funcionarios trabajen con equilibrio –todo lo contrario de hacerlo con rabia-, serenidad y competencia técnica. El que los jueces sean independientes, sólo depende de ello.
A veces, la independencia judicial se manifiesta con sentencias contradictorias para casos prácticamente iguales e incluso iguales. No lo percibo como un fallo del sistema sino, por el contrario, una garantía del mismo aunque nos cueste comprenderlo.
Es probable que mi rechazo a la expresión proceda de haber recordado como Adolf Hitler empleaba el término “fanáticamente” -con apasionamiento y tenacidad desmedida-, para estimular a los alemanes en cualquier tarea que emprendieran. Las consecuencias de la falta de mesura, están en el recuerdo de todos para vergüenza de los alemanes.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)