viernes, 3 de agosto de 2018

016 Soltar lastre


La salida del Reino Unido de la Unión Europea me ha parecido una excelente noticia porque, desde su acceso a las instituciones europeas, los británicos no han dejado de mostrarle al resto de los asociados su “particularismo” (cuajado de sentimientos de superioridad) para obtener ventajas de todo tipo. Además de alegrarme, creo que soltar el “lastre inglés” es una tarea urgente y compleja.
            La Unión Europea, como los buenos marinos, debería tener en cuenta que soltar lastre es una maniobra sencilla y beneficiosa para la navegación de un buque cuando la mar está en calma; sin embargo, con mar embravecida puede afectar peligrosamente la estabilidad del navío.
            Sería muy loable que las instituciones europeas imitaran a los antiguos gaditanos que con lastre de sus buques mercantes, mármol italiano, supieron construir los hermosos patios de Cádiz.
            El Reino Unido, coherente con su trayectoria histórica, aún no ha salido de la Unión Europea y ya está negociando con otras organizaciones supranacionales. Dispone para ello, a falta del poder militar de antaño, de un excelente  cuerpo diplomático acostumbrado a negociar hasta final. Estas negociaciones, entre el Reino Unido que tiene una sola voz y un solo objetivo y  la Unión Europea con múltiples voces y objetivos, se prevén largas y, probablemente, con un alto coste para los europeos. Pese a ello, creo que cuando se emprende un viaje largo y dificultoso es preferible prescindir de acompañantes egoístas y desconsiderados.
            El día de las elecciones, una partidaria de la salida de la Unión Europea, decía que de vivir Churchill estaría muy contento. No estoy muy seguro de ello porque W. Churchill, a su manera, era un europeísta y, en mi opinión, el que si estaría muy contento de la salida británica sería el general De Gaulle.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)