sábado, 4 de agosto de 2018

036 Indolencia


En algunas zonas de España se califica frecuentemente a los andaluces de indolentes. Me molesta que lo digan pero el amor a mi tierra no me impide ver comportamientos de ese tipo en personas con las que me relaciono a diario. El mal afecta a personas de toda edad y condición. Curiosamente, cuando los andaluces marchan a trabajar a otras zonas de España o del extranjero suelen ser apreciados en sus trabajos. Lo que expreso tiene su origen en haber escuchado decir a Manuela Carmena que la ciudad de Madrid está sucia por la desidia de los madrileños. Como desidia significa lo mismo que indolencia me he tranquilizado un poco porque Carmena nos equipara a la región más próspera de España.
Dado que hablo de Madrid, voy a comentar dos ejemplos de indolencia que observé en dicha ciudad el pasado 7 de diciembre: el primero se refiere a la actitud de un miembro del servicio de limpieza de la capital que, en plena calle Atocha, no prestaba la menor atención a su trabajo; el segundo, afecta a una señora que tiene como función velar por el orden en una sala de un museo madrileño; subida en un taburete, sólo atendía a su tableta. Son personas de distinto sexo, edad y, probablemente, formación y salario. Sólo les une su desinterés o negligencia en la función que desarrollan.
Evidente, no se pueden sacar conclusiones generales de lo anecdótico pero algo parecido se hace con los andaluces cuando se nos juzga con tanta dureza.
Creo que comportamientos indolentes o desidiosos se dan en todas partes; sin embargo, en las regiones o países avanzados no se toleran conductas tan insolidarias como las descritas. Aquí, son aceptadas y, en no pocas ocasiones, jaleadas.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)