En algunas zonas de España se
califica frecuentemente a los andaluces de indolentes. Me molesta que lo digan
pero el amor a mi tierra no me impide ver comportamientos de ese tipo en
personas con las que me relaciono a diario. El mal afecta a personas de toda
edad y condición. Curiosamente, cuando los andaluces marchan a trabajar a otras
zonas de España o del extranjero suelen ser apreciados en sus trabajos. Lo que
expreso tiene su origen en haber escuchado decir a Manuela Carmena que la ciudad
de Madrid está sucia por la desidia de los madrileños. Como desidia significa
lo mismo que indolencia me he tranquilizado un poco porque Carmena nos equipara
a la región más próspera de España.
Dado que hablo de Madrid, voy a
comentar dos ejemplos de indolencia que observé en dicha ciudad el pasado 7 de
diciembre: el primero se refiere a la actitud de un miembro del servicio de
limpieza de la capital que, en plena calle Atocha, no prestaba la menor atención
a su trabajo; el segundo, afecta a una señora que tiene como función velar por
el orden en una sala de un museo madrileño; subida en un taburete, sólo atendía
a su tableta. Son personas de distinto sexo, edad y, probablemente, formación y
salario. Sólo les une su desinterés o negligencia en la función que desarrollan.
Evidente, no se pueden sacar
conclusiones generales de lo anecdótico pero algo parecido se hace con los
andaluces cuando se nos juzga con tanta dureza.
Creo que comportamientos indolentes o
desidiosos se dan en todas partes; sin embargo, en las regiones o países
avanzados no se toleran conductas tan insolidarias como las descritas. Aquí,
son aceptadas y, en no pocas ocasiones, jaleadas.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)