El parlamentarismo
inglés es una fuente inacabable de anécdotas y, en cierta medida, un ejemplo de
comportamientos éticos y de respeto a las normas. En el pasado mes de febrero
lord Bates miembro de la Cámara de los Lores del Parlamento británico presentó
su dimisión. Se avergonzaba por haber llegado tarde dos minutos a su puesto y
no poder responder a la pregunta formulada por una diputada de la oposición.
Hace unos días, el ministro de Exteriores del Reino Unido,
Boris Johnson fue reprendido por John Bercow, presidente de la Cámara de los
Comunes, por hacer comentarios considerados inapropiados y sexistas. Conviene
recordar que ambas autoridades
pertenecen al partido conservador liderado por Theresa May.
Estos ejemplos dan muestra de un parlamentarismo consolidado
y respetuoso con sus propios miembros y con los ciudadanos a los que
representan. Nada que ver con que acontece en el Congreso y en las distintas
cámaras autonómicas. Me voy a centrar en una cuestión acontecida recientemente
en el Parlamento andaluz: en la última sesión de control al gobierno Susana
Díaz calificó de fantasioso a Maíllo (IU) y, ante la pregunta de Moreno (PP)
relacionada con el cribado del cáncer de colon y recto en otras autonomías (Madrid
o Valencia por ejemplo), no se le ocurrió otra cosa que acusarle de mala fe y
de manosear el cáncer. Resulta lamentable que en una cuestión tan grave como el
diagnóstico precoz de un tipo de cáncer, la única respuesta de Susana Díaz sea
la descalificación del adversario político.
Nada que ver con la cortesía parlamentaria y
el respeto de instituciones como las ya señaladas del Reino Unido.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)