domingo, 5 de agosto de 2018

054 El hombre-bolardo de la calle Columela


En estos días de primavera las gaditanas se disponen a renovar su vestuario, la luz les insufla optimismo y llenan las tiendas de ropa. Hace unos días me encontraba haciendo guardia de puerta, ante unas de esas tiendas de ropa exclusivamente femenina, cuando una señora salió del establecimiento y se dirigió a mi compañero de guardia -un hombre de aproximadamente mi edad que, resignadamente, sostenía dos bolsas de plástico- de la siguiente forma:
Juanito: entra que quiero enseñarte una cosa que me he probado y me gustaría que la veas.  Pero tienes que decirme lo que yo quiero.
         A Juanito se le iluminó la cara y, sin soltar las bolsas de plástico, entró en el comercio. Ya no maldecía a la petroquímica que creó el plástico, ya no se sentía un bolardo antropomorfo. Su mujer, un claro ejemplo de la gentileza de las gaditanas, aún le pedía su opinión.
Ella, sin haber estudiado en Versalles, sabía que no hay nada más eficaz que una orden disfrazada de ruego. Yo nunca sabré lo que deseaba escuchar de Juanito pero estoy seguro que él cumpliría con su ruego.


Roque Gómez Jaén (Puerto Real)