Hace unos días Inés Arrimadas,
dirigente de Ciudadanos, ha visto como en la Red otra mujer, en una clara
muestra de odio, le deseaba que fuera violada en grupo; además, la llamó perra
asquerosa. El motivo: no podía soportar lo que Arrimadas había expresado en un
debate televisivo.
Esta intolerancia al que discrepa, muy propia del separatismo
catalán, no me sorprende porque ha sido muy común en el pasado reciente. Así,
nazis cultos y refinados, que se emocionaban escuchando ópera, planificaban
“científicamente” la eliminación del pueblo judío. Para actuar de esta forma,
sólo hay que cosificar al enemigo.
Muy mal están las cosas en
Cataluña cuando una mujer desea a otra que sea violada por el mero hecho de no
compartir sus ideas y más aún, cuando la misma internauta reconoce en el texto que
lo que dice es “machismo y todo lo que se quiera”.
La ofensa se puede comprender en el entorno de odio y pensamiento
único creado por el separatismo en los últimos cuarenta años. No se trata de
una ideología cualquiera es una metaideología que ha sido inoculada en los
centros educativos desde la educación infantil a la universidad. Este proceso
ha contado, así mismo, con eficaz ayuda de familias catalanas y de otras que,
no siéndolo en origen, encontraron el medio de integrarse despreciando su
procedencia. A menudo, son ferozmente separatistas y lo he podido comprobar
personalmente.
La mujer que ofendió a Inés Arrimadas, ha sido
expulsada de la empresa en la que trabajaba y ahora parece lamentarlo. Yo creo
que, además, la fiscalía en estos casos de odio y fanatismo, debería intervenir
de oficio.
De todo lo acontecido en este
suceso lamentable, hay algo que me preocupa: no me extrañaría nada que la
ofensora acabe transformándose en una heroína a la que, desde luego, no le va a
faltar trabajo en Cataluña en los próximos años. Quizás, también podría emigrar
a otra región donde el separatismo está muy bien visto.
Roque Gómez
Jaén (Puerto Real)