El
título de esta carta, claro ejemplo de oxímoron (combinación de palabras de
sentido opuesto), es también el de la obra de Rafael Álvarez “El Brujo” que he
tenido la suerte de contemplar en el teatro de Puerto Real. El artista a que me
refiero ha venido en diversas ocasiones a mi pueblo y siempre ha triunfado.
En
esta obra Rafael Álvarez, acompañado del violinista Javier Alejano, nos
introduce en la vida y la obra de san Juan de la Cruz. El fuerte componente
místico del texto no impide momentos hilarantes, como el que recoge un diálogo
interminable entre monjes sobre la presencia o no de luz en la celda del santo.
La luz sobre la que discutían los monjes, era la producida por los ojillos de
un ratón que hacía posible que san Juan de la Cruz escribiera; la luz oscura
del alma, la que verdaderamente interesaba al santo, no puede percibirse por
los sentidos porque es interna. En la confrontación dialéctica de los monjes,
creo detectar la influencia de Parménides y su conocido principio de identidad:
El ser, es; el no ser no es. A las
notas de humor ya señaladas, el actor añade guiños a los espectadores sobre la
actualidad española.
La
obra duró casi dos horas y el esfuerzo del artista fue muy notable. El público
de Puerto Real supo percibirlo y aplaudió con generosidad la entrega de los
actuantes. Rafael Álvarez lo agradeció y, al mismo tiempo, nos confesó que en
un momento de la representación tuvo
dificultades con el texto. Yo no pude apreciarlas lo que pone de manifiesto su maestría, o mi falta de
formación en la materia.
En
definitiva, fue una noche mágica a tal extremo que nunca sabré si las goteras
que caían sobre el escenario eran reales o una ilusión mística.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)