domingo, 5 de agosto de 2018

043 Un mundo kafkiano


Mi primera lectura de Kafka fue La metamorfosis, me pareció inquietante. Casi veinte años después retomé la lectura del autor con las obras: El proceso, El Castillo y El fogonero. Nunca he sido capaz de comprender bien el pensamiento de kafkiano y así se lo dije a un amigo. Su respuesta fue lapidaria: “El problema comienza cuando se entiende a Kafka”.
Ahora, en pleno siglo XXI, comienzo a comprender el pensamiento del autor ya nombrado. El motivo es una disputa de dos meses con una compañía de telefonía caracterizada por: incumplimiento unilateral de contrato, conversaciones con máquinas parlantes, corte de suministro alegando una petición nuestra inexistente, grabaciones de voz que se niegan a suministrar, respuestas diversas según el interlocutor, “amenazas”, falta de respuesta a reclamaciones por escrito…
 Lo más grave: tener la convicción de que la razón no es suficiente ante un poder económico que, en su omnipotencia, se niega a dar explicaciones y reconocer sus errores. Sabe que el tiempo juega a su favor.
 El pensamiento pesimista  de Kafka nos muestra un hombre víctima de un destino que no controla. Creo que el idealismo de don Quijote puede ser un buen antídoto a dicho pensamiento porque,  de vivir hoy, las lanzadas del hidalgo castellano no irían dirigidas a las aspas de los molinos sino a las antenas parabólicas de Gran Vía 28.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)