En un reciente viaje en
tren, tuve la oportunidad de ver un excelente documental de antropología
forense en los restos de la ciudad romana de Pompeya. El protagonismo del
programa lo llevaba la catedrática de la universidad de Cambridge Mary Beard
que, a su capacidad intelectual, le añade una fuerte dosis de entusiasmo en la
explicación de los hechos que narra. Me llamó mucho la atención que un
antropólogo italiano analizando unos restos óseos dijera que pertenecían a una
persona afectada por la sífilis.
A las personas de
nuestra generación siempre se nos había dicho que dicha enfermedad la trajeron
los españoles de América. Cuando lo escuché no pude menos que pensar: ¡ahora nos van a decir que las legiones
romanas ya estuvieron en América!
En un acto de arcaísmo,
busqué información en la enciclopedia Larousse que me sacó de dudas al respecto
porque, en primer lugar, admite que el gran aumento de la morbilidad sifilítica
en la Europa de fines del s. XV y principios del s. XVI se atribuyó a los
colonizadores españoles y, a continuación, expresa que la enfermedad se conocía
de antiguo y tenía su origen en Asia.
No tengo más remedio
que reconocer que las mentiras con mala intención se propagan y son más
duraderas que el conocimiento científico que las refutan.
Yo siempre había creído
que los españoles no sólo llevaron enfermedades contagiosas a América sino que
también fueron contagiados por otras en dicho continente. Ahora me temo que los
defensores de la leyenda negra, dentro y fuera de España, tendrán otra ocasión
para atacar a nuestro país.
A propósito de la
leyenda negra, el libro de María Elvira Roca Barea titulado: Imperiofobia y leyenda negra me parece
excelente.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)