En el último congreso
del PSOE-A, Susana Díaz le pidió a Pedro Sánchez que no le hiciera elegir entre
la lealtad que debe al partido y la que mantiene con Andalucía. Al parecer,
ambas lealtades pueden llegar a ser antagónicas.
La lealtad puede
parecernos un término confuso pero si paseamos por la plaza de san Juan de Dios
y nos paramos en el monumento a Moret leemos que, entre las virtudes
reconocidas al político gaditano, se encuentra la lealtad. En la misma plaza debajo
del frontón triangular de la fachada del ayuntamiento se titula a Cádiz como
ciudad muy leal. En ambos casos, el término no admite dudas: nos remite a la
admiración que una persona o una ciudad nos merece por su compromiso a una causa
a pesar del peligro y de las dificultades.
Creo que un político
leal es aquel que no engaña a su pueblo y
que, en todo momento, comprende que está sometido a las leyes. Susana
Díaz no tiene que elegir entre lealtades porque cuando juró o prometió su cargo
se obligó a cumplir y a hacer cumplir la Constitución y las normas que la
desarrollan. No hay antagonismo porque de la secretaría general de un partido
como el PSOE no pueden partir propuestas que vulneren nuestra Constitución. De
hacerlo, será el fin de dicho partido. No lo deseo.
En nuestros días, el
gobierno separatista catalán nos brinda el ejemplo más claro de deslealtad de
nuestra historia reciente: el presidente de la Generalidad catalana, que representa al Estado en dicha comunidad,
tiene como único objetivo la destrucción de la nación española. En este
contexto, un grupo de dirigentes del PSOE, aspirantes a desleales, parece dispuesto a pactar con quien haga falta
y al precio que sea. Son aquellos que hablan de federalismo asimétrico, estado
plurinacional y de nación de naciones pero jamás desarrollan el contenido de
dichas expresiones. Debemos exigir que lo hagan y pronto.
Ambrose Bierce, cínico,
cáustico y pesimista, define el término lealtad como la unión convencional y
obligatoria entre el ciudadano y la agencia tributaria de su país que no se
produce a la inversa. Yo, sin embargo,
creo que una relación de lealtad entre personas o entre personas e
instituciones debe caracterizarse por la
bilateralidad.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)