Acabo de leer el libro
de Javier Marías Cuando los tontos
mandan. Se trata de una recopilación de artículos suyos aparecidos en El País Semanal entre el 8 de febrero de
2015 y el 29 de enero de 2017. Es un libro excelente en el que el autor
defiende con vehemencia la libertad de expresión y otros valores democráticos.
Javier Marías, en uno de los artículos, nos cuenta como tuvo que romper su
relación con un grupo de comunicación porque, en pleno año 2002, le censuraron
un artículo. En otro, finalizando el año 2016, lamenta la presión ejercida
sobre algunos diarios para que no se recoja la voz de los discrepantes. En
definitiva, constata que hay grupos organizados que reclaman la censura.
Julián
Marías, padre de Javier, en sus Memorias nos
cuenta que sirvió en el ejército republicano durante la guerra civil y,
finalizada la contienda, sufrió meses de prisión. Una vez libre, no pudo
obtener el doctorado porque su tesis no era del agrado de algunos miembros fanatizados
del tribunal evaluador. Jamás pudo acceder a puestos oficiales y durante el
régimen de Franco tuvo grandes dificultades para poder publicar. Pese a ello,
siempre he apreciado en Julián Marías su incapacidad para odiar, su bonhomía y,
quizá por ello, un cierto grado de
ingenuidad.
La
censura vivida por Julián Marías, era conocida y previsible; por ese motivo, en
ocasiones, pudo sortearla. Además, la censura franquista se cebaba con más
ferocidad en la prensa, la radio y el cine. En los libros, más aún si eran de
filosofía, la presión era menor porque régimen franquista sabía que la difusión
de los mismos, no constituía peligro alguno para la dictadura.
La
autocensura actual, como la que tuvo que
sufrir Javier Marías, es mucho más peligrosa porque, dado que la censura es
inconstitucional, no hay una estructura que superar, ni hay límites o, al menos,
no son públicos. El que escribe, sin embargo, tiene que conocer la censura oculta y actuar en consecuencia.
Roque Gómez Jaén
(Puerto Real)