Es muy evidente que Cádiz, no sólo la
capital, está de moda en Madrid. Los madrileños en el trato ordinario hablan de
nuestras playas, del carácter de los
gaditanos, de la gastronomía, la cultura y las fiestas de Cádiz. Muchos de estos turistas entusiastas, son
nietos de aquellos emigrantes gaditanos que llegaron a Madrid en los años sesenta y allí se quedaron.
Debemos conseguir que sigan viniendo a disfrutar con nosotros.
Por otra parte, Madrid siempre ha
estado en el pensamiento de muchos gaditanos que hemos podido contemplar como
en pleno centro de la capital, a escasos metros de la Puerta del Sol, hay una
calle dedicada a nuestra ciudad.
Se trata de una vía pública pequeña,
escasos cien metros, que une la calle de Carretas con la de Espoz y Mina. Como
muchas de Cádiz, es antigua -ya aparece
en planos datados en 1656-, estrecha -no debe extrañarnos que anteriormente se
llamara Majaderitos angosta- y con
predominio de la verticalidad en la edificación. En su recorrido sólo conecta
en perpendicular con la calle Barcelona; en dicha unión, existía un bar con una
puerta en la calle Cádiz y otra en la de Barcelona. Por ello, el humor
madrileño pudo afirmar que el bar más largo del mundo estaba en su ciudad ya
que empezaba en Cádiz y terminaba en Barcelona.
Actualmente, la calle que nos ocupa
tiene un buen número de comercios con predominio de tabernas y restaurantes
que, en ocasiones, aluden a la gastronomía gaditana. Desde 1882 está abierta al
público la floristería Manolita y don
José, su dueño, nos comentó que en dicha fecha el nombre de la calle ya era el
actual. En una placa metálica, incrustada en el suelo, el ayuntamiento de
Madrid reconoce a la floristería los
servicios prestados a la ciudad.
El rótulo de la calle, en cerámica
talaverana, nos muestra el Campo del Sur y sus rompeolas. Al contemplarlos, pasada
la intersección de las calles Cádiz y Barcelona, comprendí por qué Antonio
Machado, muy acertadamente, llamó a Madrid rompeolas de todas las Españas.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)