domingo, 5 de agosto de 2018

053 Matar al mensajero

Hace unos días, pude leer en el Diario que se ha archivado la causa contra dos anestesistas del Puerta del Mar, porque la juez no ha apreciado materia delictiva en el comportamiento de dichos profesionales.
El procedimiento se inició como respuesta a un estudio de elaborado por los anestesistas donde se mencionaban una serie de irregularidades en la Unidad de Cirugía General del Hospital. La denuncia se basaba en la presunta comisión de un delito de revelación de secretos, injurias y calumnias contra funcionario.
En mi opinión, informar a la opinión pública que la tasa de complicaciones posoperatorias en el Puerta del Mar está por encima de la media de los hospitales andaluces,  no parece que merezca ser considerado como un delito.
Convendría que el informe generado tras la auditoría de la Inspección del SAS se haga público porque los ciudadanos, en nuestra relación con los organismos públicos, tenemos derecho a la transparencia. Conocer los resultados de las evaluaciones de los servicios públicos nos permitiría, entre otras cosas, ser más equilibrados cuando ejercemos la crítica y no caer en la demagogia o el fanatismo.
Ignoro cuáles fueron los fines que movieron a los anestesistas a elaborar el estudio; pese a ello, debemos exigir que dichos profesionales no sean acosados porque su conducta, en mi opinión, no es merecedora de sanción sino de elogio y reconocimiento.
En una administración democrática, las carencias, negligencias e irregularidades, deben ser denunciadas para que de ese modo puedan ser corregidas. Desde mi punto de vista, la iniciativa debe partir de la propia institución de la que se trate.  Por el contrario, volcar todo el peso de la ley contra los que denuncian, es propio de estados totalitarios porque, en definitiva, lo que se pretende es matar al mensajero.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)