jueves, 2 de agosto de 2018

008 Albert Rivera



Albert Rivera me cae bien por muchos motivos, es joven y a mí me gustan la personas jóvenes no porque yo piense que siempre tienen éxito en lo que emprenden sino porque ellos sí lo creen.  Además es un joven que no resulta empalagoso ni repelente sino que muestra rasgos de ser una persona madura y sensata. Resulta que Rivera es catalán y, a diferencia de muchos catalanes, no se ve obligado a ver el mundo a través de cuatro barras y una estrella; el amor a su tierra no le resulta incompatible con el amor a nuestro país. Llama a España por su nombre sin que se le produzca un sarpullido y no  la denomina Estado como hacen otros para no ensuciar su boca con la palabra maldita. Ignoran que España  representa una realidad política muy anterior a la creación del Estado moderno.
            Rivera es un hombre moderado y, en mi opinión, ha optado por una opción centrista y liberal. Dicha opción exitosa en la Transición es el modelo que han elegido él y otros políticos para liderar la que sería la “Segunda Transición” –yo no estoy seguro de que la primera se haya terminado- conocedores de que en los países políticamente avanzados la elecciones las ganan el voto centrista. Albert Rivera, se muestra, por si fuera poco, admirador de la obra de Adolfo Suárez.
            Rivera que parece ser un hombre inteligente y tenaz, debería tener en cuenta que sus recientes éxitos electorales deberán ser revalidados y que el momento actual no favorece a los partidos moderados y, menos aún, a los partidos bisagra.
            Los peligros que acechan a Ciudadanos y  que Rivera seguro tiene muy presentes son:
            No tener una ideología que le diferencie con nitidez de los demás  porque, aunque algunos no se lo crean, hoy por hoy en España se votan ideologías y no solo economía. El crepúsculo de las ideologías tantas veces anunciado no se  nota en nuestro país.
            Su propio liderazgo porque cuando su imagen se debilite o erosione por la acción política –sobre todo si accede al poder-, dañará a su partido como le sucedió a Adolfo Suárez con el suyo.
La entrada en aluvión de personas procedentes de otros partidos que puede favorecer la llegada de los políticos “termita” cuya deslealtad a la larga está garantizada.
Acabo deseándole suerte a Rivera en su empeño porque, por lo menos, no concibe al resto de políticos como enemigos a exterminar sino como compatriotas que, como él mismo, buscan el bien común.
Roque Gómez Jaén  Puerto Real (Cádiz)