Albert Rivera me cae bien por muchos
motivos, es joven y a mí me gustan la personas jóvenes no porque yo piense que
siempre tienen éxito en lo que emprenden sino porque ellos sí lo creen. Además es un joven que no resulta empalagoso
ni repelente sino que muestra rasgos de ser una persona madura y sensata.
Resulta que Rivera es catalán y, a diferencia de muchos catalanes, no se ve
obligado a ver el mundo a través de cuatro barras y una estrella; el amor a su
tierra no le resulta incompatible con el amor a nuestro país. Llama a España
por su nombre sin que se le produzca un sarpullido y no la denomina Estado como hacen otros para no
ensuciar su boca con la palabra maldita. Ignoran que España representa una realidad política muy anterior
a la creación del Estado moderno.
Rivera
es un hombre moderado y, en mi opinión, ha optado por una opción centrista y
liberal. Dicha opción exitosa en la Transición es el modelo que han elegido él
y otros políticos para liderar la que sería la “Segunda Transición” –yo no
estoy seguro de que la primera se haya terminado- conocedores de que en los
países políticamente avanzados la elecciones las ganan el voto centrista.
Albert Rivera, se muestra, por si fuera poco, admirador de la obra de Adolfo
Suárez.
Rivera
que parece ser un hombre inteligente y tenaz, debería tener en cuenta que sus
recientes éxitos electorales deberán ser revalidados y que el momento actual no
favorece a los partidos moderados y, menos aún, a los partidos bisagra.
Los
peligros que acechan a Ciudadanos y que
Rivera seguro tiene muy presentes son:
No
tener una ideología que le diferencie con nitidez de los demás porque, aunque algunos no se lo crean, hoy
por hoy en España se votan ideologías y no solo economía. El crepúsculo de las
ideologías tantas veces anunciado no se
nota en nuestro país.
Su
propio liderazgo porque cuando su imagen se debilite o erosione por la acción
política –sobre todo si accede al poder-, dañará a su partido como le sucedió a
Adolfo Suárez con el suyo.
La entrada
en aluvión de personas procedentes de otros partidos que puede favorecer la
llegada de los políticos “termita” cuya deslealtad a la larga está garantizada.
Acabo
deseándole suerte a Rivera en su empeño porque, por lo menos, no concibe al
resto de políticos como enemigos a exterminar sino como compatriotas que, como
él mismo, buscan el bien común.
Roque Gómez Jaén Puerto Real (Cádiz)