Cuando era
un muchacho tuve la fortuna de vivir en la barriada de Puntales. Parecía un
pueblo aparte cercado por industrias más o menos peligrosas: depósitos de
Campsa, Tabacalera, central térmica y CASA. La base naval de Puntales y un varadero
donde se reparaban buques de poco porte completaban el panorama.
La barriada
era pobre y los curas obreros tenían un gran protagonismo social. En estas
circunstancias, tuve la suerte de conocer a excelentes personas que pese a su
pobreza o, quizá por ello, eran tremendamente generosas.
Hoy
quiero recordar a un loro que vivía en las proximidades del CN “Alcázar”. Un grupo
de jóvenes le observábamos en su jaula
al sol y entonces entonaba el estribillo de “Juanita Banana” una canción muy
famosa de la época. El pobre loro arrancaba bien pero, acto seguido, se las veía y se las deseaba para continuar. En
ese momento, nosotros nos reíamos hasta desternillarnos.
Ahora
con más años y menos capacidad para la risa,
encuentro en mi pueblo un loro que lanza silbidos de admiración –es parte del
currículo básico de todo loro que se precie de serlo- y se adorna con un buen número de frases. Pero, además, este
magnífico ejemplar cuando parece que ha agotado su repertorio, nos obsequia con
un maullido excelso propio de un
verdadero loro bilingüe. Cuando lo escuché por primera vez creí que era un gato
vecino que nos vacilaba. Pues no señor: se trata de un loro, de un formidable
loro gris que nos anima cuando paseamos por su calle. Mi pobre loro de Puntales
si le oyera se moriría de envidia. Hablo en pasado pero, teniendo en cuenta la
longevidad estas aves, un día de estos me acercaré por la barriada para ver si aún vive y, sobre todo,
comprobar si todavía existe un bar en el que
una cerveza con una mojarrita de tapa era el preludio de la visita a
nuestro loro del CN “Alcázar”.
Roque Gómez Jaén
(Puerto Real)