sábado, 4 de agosto de 2018

024 Puntales y la evolución de las especies


Cuando era un muchacho tuve la fortuna de vivir en la barriada de Puntales. Parecía un pueblo aparte cercado por industrias más o menos peligrosas: depósitos de Campsa, Tabacalera, central térmica y CASA. La base naval de Puntales y un varadero donde se reparaban buques de poco porte completaban  el panorama.
La barriada era pobre y los curas obreros tenían un gran protagonismo social. En estas circunstancias, tuve la suerte de conocer a excelentes personas que pese a su pobreza o, quizá por ello, eran tremendamente generosas.
            Hoy quiero recordar a un loro que vivía en las proximidades del CN “Alcázar”. Un grupo de jóvenes le  observábamos en su jaula al sol y entonces entonaba el estribillo de “Juanita Banana” una canción muy famosa de la época. El pobre loro arrancaba bien pero, acto seguido,  se las veía y se las deseaba para continuar. En ese momento, nosotros nos reíamos hasta desternillarnos.
            Ahora con más años  y menos capacidad para la risa, encuentro en mi pueblo un loro que lanza silbidos de admiración –es parte del currículo básico de todo loro que se precie de serlo- y se adorna con  un buen número de frases. Pero, además, este magnífico ejemplar cuando parece que ha agotado su repertorio, nos obsequia con un maullido excelso  propio de un verdadero loro bilingüe. Cuando lo escuché por primera vez creí que era un gato vecino que nos vacilaba. Pues no señor: se trata de un loro, de un formidable loro gris que nos anima cuando paseamos por su calle. Mi pobre loro de Puntales si le oyera se moriría de envidia. Hablo en pasado pero, teniendo en cuenta la longevidad estas aves, un día de estos me acercaré por la  barriada para ver si aún vive y, sobre todo, comprobar si todavía existe un bar en el que  una cerveza con una mojarrita de tapa era el preludio de la visita a nuestro  loro del CN “Alcázar”.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)