sábado, 4 de agosto de 2018

031 Un minuto de silencio


Podemos le negó en el Congreso un minuto de silencio a Rita Barberá. No me extraña la actitud de Pablo Iglesias porque es politólogo, se rodea de ellos y, así mismo, por ellos se deja entrevistar. Las personas de este perfil no comprenden que la política sólo es una parte de la vida y  pretenden transformar la parte en el todo. Consecuentemente,  aquellos que se oponen a sus ideas (la mayor parte del electorado español) no les merecen la menor consideración. Lo hemos visto en las intervenciones de Iglesias en el Congreso. Para el recuerdo, su despedida en el parlamento europeo.
Extraña que Iglesias siempre hable de “la gente” pero nunca lo hace de las personas. La gente es un concepto abstracto, lejano y fácil de transformar en estadística; alude, por lo general, a un grupo de afines. Por el contrario, persona hace referencia al individuo, al hombre responsable, digno y portador de derechos y obligaciones.
Desde una concepción sectaria de la vida (muy próxima a la casta tan denostada por Podemos), fuera del grupo sólo existe la nada y, por lo tanto, el respeto resulta innecesario.
La Sra. Barberá ha muerto sin haber sido condenada por delito alguno. Iglesias que, al parecer, no cree en la presunción de inocencia de los demás, ha negado a Rita Barberá algo tan valioso como un minuto de su tiempo.
La muerte iguala y cosifica a las personas pero los que no han muerto pueden mostrarles o no su afecto y consideración. Las manifestaciones de los paisanos de Rita Barberá tras su fallecimiento me hacen pensar que algo bueno haría esa señora por su ciudad.
Iglesias y sus colegas del Congreso, no me parecen buenas personas. Sorprende que, siendo tan solidarios con todas las desgracias del mundo, no puedan reservar un poco de cariño y respeto por una compañera muerta. Pablo Iglesias parece no entender que  no se trata de un homenaje político sino de la conmoción que la muerte cercana provoca. La piedad y la compasión no son de izquierdas ni de derechas, pertenecen al patrimonio de la buena gente. Ahora comprendo por qué a los miembros de Podemos les gusta vestir de negro: están de luto por ellos mismos o por los españoles que no pensamos como ellos. Desafortunadamente, son personas jóvenes pero también gente triste.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)