Siempre
he sentido una gran admiración por la civilización romana. Sin ir más lejos,
hace unos días un documental televisivo me asombró al mostrarnos un instrumento
quirúrgico para intervenir cataratas utilizado por los romanos hace 1800 años;
el parecido con la herramienta que se utiliza en pleno siglo XXI, es
extraordinario. Además, nos mostraron una navaja multiuso como la actuales: cuchillo, tenedor,
punzón… elaborada en plata y que ha llegado en buen estado hasta nuestros días.
Actualmente sentir admiración por algo o por alguien,
tropieza con la idea, frecuente, de querer juzgar los sucesos históricos, aún
los más lejanos, con la mentalidad actual. No faltan quienes critican el
militarismo y la brutalidad de los ejércitos de Roma, lo que no deja de ser
cierto y los mismos romanos lo criticaron en su momento. Así, para algunos
historiadores contemporáneos, la conquista de Julio César de la Galia se
considera como un genocidio. Sin embargo, ¿no eran igualmente brutales los
ejércitos vencidos por Roma? Desde mi punto de vista, admirar es ver desde
fuera y asombrarnos con lo que vemos. Otra cosa muy distinta es situarnos
siempre en el papel de hacer justicia con 2000 años de retraso.
Siempre que puedo leo algo sobre la historia romana y hace
unos días he terminado la Historia de
Roma. Desde los orígenes hasta la caída del Imperio del profesor Brian
Campbell. Me ha parecido una buena síntesis lo que, tratándose de la tarea
llevada a cabo, es algo digno de admiración. En definitiva, el libro me ha
gustado mucho; pese a ello, en el texto ya nombrado se habla, reiteradamente,
del uso del maíz por parte de los romanos: como donativo para los más pobres; al
considerar su distribución entre el pueblo como carga financiera para las
cuentas públicas; o bien, cuando se afirma que los libertos trabajaban en la
comercialización del maíz.
Como es sabido, el maíz
no se conoció en Europa hasta el siglo XVII cuando el gobernador de la Florida
Méndez de Cancio lo introdujo en Asturias. Por lo tanto, yo puedo admirar la
obra de Campbell (en el sentido expresado por García Morente: tributar
respetuoso cariño a otra persona por su trabajo) pero no puedo hacer lo mismo
con la traductora de su obra del inglés al castellano.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)