domingo, 5 de agosto de 2018

098 Roma, la admiración y el maíz


Siempre he sentido una gran admiración por la civilización romana. Sin ir más lejos, hace unos días un documental televisivo me asombró al mostrarnos un instrumento quirúrgico para intervenir cataratas utilizado por los romanos hace 1800 años; el parecido con la herramienta que se utiliza en pleno siglo XXI, es extraordinario. Además, nos mostraron una navaja  multiuso como la actuales: cuchillo, tenedor, punzón… elaborada en plata y que ha llegado en buen estado hasta nuestros días.
            Actualmente sentir admiración por algo o por alguien, tropieza con la idea, frecuente, de querer juzgar los sucesos históricos, aún los más lejanos, con la mentalidad actual. No faltan quienes critican el militarismo y la brutalidad de los ejércitos de Roma, lo que no deja de ser cierto y los mismos romanos lo criticaron en su momento. Así, para algunos historiadores contemporáneos, la conquista de Julio César de la Galia se considera como un genocidio. Sin embargo, ¿no eran igualmente brutales los ejércitos vencidos por Roma? Desde mi punto de vista, admirar es ver desde fuera y asombrarnos con lo que vemos. Otra cosa muy distinta es situarnos siempre en el papel de hacer justicia con 2000 años de retraso.
            Siempre que puedo leo algo sobre la historia romana y hace unos días he terminado la Historia de Roma. Desde los orígenes hasta la caída del Imperio del profesor Brian Campbell. Me ha parecido una buena síntesis lo que, tratándose de la tarea llevada a cabo, es algo digno de admiración. En definitiva, el libro me ha gustado mucho; pese a ello, en el texto ya nombrado se habla, reiteradamente, del uso del maíz por parte de los romanos: como donativo para los más pobres; al considerar su distribución entre el pueblo como carga financiera para las cuentas públicas; o bien, cuando se afirma que los libertos trabajaban en la comercialización del maíz.
 Como es sabido, el maíz no se conoció en Europa hasta el siglo XVII cuando el gobernador de la Florida Méndez de Cancio lo introdujo en Asturias. Por lo tanto, yo puedo admirar la obra de Campbell (en el sentido expresado por García Morente: tributar respetuoso cariño a otra persona por su trabajo) pero no puedo hacer lo mismo con la traductora de su obra del inglés al castellano.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)