En
este año la democracia española cumplirá cuarenta años, mucho tiempo en la vida
de una persona y muy poco para los procesos históricos. Nuestra democracia es inmadura
por su juventud y porque los valores democráticos, siempre exigentes, tardan en fraguar.
El
espectáculo que estamos viviendo porque Pablo Iglesias e Irene Montero han
comprado una vivienda, es una muestra de la inmadurez a la que me refiero. Me
parece irrelevante el coste de la vivienda, el sistema de pago utilizado, la
herencia que Iglesias recibirá en su momento, el banco que ha financiado la
compra, la decoración de la casa… Son cuestiones privadas que a los demás no
nos deben concernir. Voy más allá, desde mi punto de vista, exigir a los
políticos una declaración de bienes no sirve para combatir la corrupción y es,
una muestra más, del inquietante intervencionismo del Estado en la vida de los
ciudadanos. Me repugna que cualquier persona, político o no, tenga que dar
explicaciones por este tipo de asuntos.
A
mí lo que me importa sobre Pablo Iglesias y su partido es que nos presenten
como atractivas y novedosas, ideas viejas y fracasadas históricamente; me
importa igualmente que de una vez por todas, ante el desafío separatista, no se adopte una posición en defensa de la
nación española e; igualmente, me gustaría que, con claridad y precisión, se
nos explique lo que para el líder de Podemos significa que, una vez ganadas unas
elecciones con suficiencia, entraríamos en un “proceso constituyente”.
Por
último, que Iglesias y su pareja, con el apoyo familiar, se hayan comprometido
con una entidad bancaria durante un buen número de años, podría entenderse como
una muestra de confianza en un sistema o “casta” al que tanto han fustigado y, así mismo, pone de manifiesto la
fortaleza de una institución como la familiar también muy denostada. Tranquiliza
saber que nuestros depósitos bancarios estarán a salvo durante muchos años y
que los problemas de Pablo e Irene, sólo los tendrán con sus compañeros de
partido.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)