Hace unos días, se ha
comentado ampliamente en los medios de comunicación, que ETA en un comunicado
pide perdón y apela a la concordia. Los españoles no debemos olvidar lo acontecido
durante muchos años y 1980, el año en el que una joven democracia se enfrenta a
un enemigo tan viejo como el propio hombre: el odio, es un buen ejemplo para
analizar el fenómeno terrorista. ETA, para celebrar el reciente estatuto de
autonomía, asesinó a 96 personas: guardias civiles; policías nacionales;
militares; políticos de UCD; hosteleros; trabajadores; funcionarios… Algunos asesinados eran simplemente sospechosos
y otros, inocentes que morían por equivocación. Ahora sus verdugos piden perdón
y apelan a los derechos humanos. Suena a sarcasmo.
Un
amplio sector de la sociedad vasca apoyaba a los asesinos y a sus colaboradores.
De no ser así, ETA no habría existido tanto tiempo. Un régimen de terror, para
instaurarse, precisa de la complicidad de una parte de la población. Estudios
sobre la Gestapo alemana, han puesto de manifiesto que con sólo 28 agentes se
controlaba a una población de un millón de personas. Evidentemente, se
precisaba la colaboración del denunciante más o menos anónimo. Algo parecido
sucedió en el País Vasco.
Creo
que no debemos olvidar el sufrimiento de las familias de las víctimas; tampoco lo
que los etarras parecen haber olvidado: las sucesivas amnistías (perdón y
olvido), a la que se podrían haber
acogidos todos ellos, y poner en marcha un proceso encaminado a la concordia
entre españoles. Sólo lo hicieron unos pocos y, el resto, siguió matando llegándose
al extremo de poner en peligro nuestra recién estrenada democracia.
Tampoco
debemos olvidar a todos aquellos que tuvieron que marcharse del País Vasco
contra su voluntad. Se estima que se expulsaron 200.000 personas lo que
equivaldría al 10% de la población vasca. Se trata de un peculiar caso de limpieza
étnica y un síntoma claro de mentalidad totalitaria.
En
definitiva, no debemos olvidar y, para ello, recordemos la frase, referida a la
2ª guerra mundial, atribuida al filósofo
alemán K. Jasper: Lo que ha sucedido es
un aviso. Olvidarlo es un delito fue posible que todo eso sucediera y sigue
siendo posible que, en cualquier momento, vuelva a suceder.
Roque Gómez Jaén (Puerto
Real)