domingo, 5 de agosto de 2018

078 El poder de los maestros III


Cuando se visitan centros educativos, se percibe como algunos maestros y profesores transmiten  entusiasmo a sus alumnos con gran facilidad. Es así con independencia de la materia educativa, el nivel, la edad o el sexo de las personas en cuestión.
Evidentemente, los profesionales ya mencionados, poseen esa cualidad porque nadie puede dar lo que no tiene. El entusiasmo es fuente de vitalidad, de creación y de entrega. Obviamente, debe aplicarse para causas nobles.
Los maestros y profesores catalanes separatistas de hace cuarenta años, han puesto su capacidad creativa y su entusiasmo al servicio de un objetivo político. El éxito ha sido absoluto porque, los separatistas catalanes de la enseñanza actuales, son  alumnos suyos. Aquéllos, en su tarea, se olvidaron de educarlos en la libertad, el respeto a la lengua y cultura “españolas” y en el desarrollo del espíritu crítico (objetivo presente en los textos legales educativos de los últimos treinta años). También se olvidaron de los derechos de los niños que (como nos recuerda la Convención de los Derechos del  Niño son todos los menores de 18 años) por su falta de madurez, necesitan protección y cuidado; que precisan de su familia para crecer adecuadamente; que son los padres los que crían a sus hijos y los dirigen en el ejercicio de sus derechos. Y, sobre todo, han olvidado que en todas las medidas referidas al niño prima el interés del menor.
El texto legal citado insiste que el niño debe ser educado en valores como: espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad.  
Los separatistas catalanes, siempre tan amantes de la paz y de la no violencia, han inoculado odio sin miramiento y aplicado una metodología educativa basada en la falsedad y en las omisiones. ¿Hay forma de violencia más atroz que adoctrinar a un niño?
Si el Estado no interviene con la fortaleza necesaria en el ámbito educativo, el problema se agravará. Solo basta con ver la edad de los asistentes a las manifestaciones convocadas por los separatistas y la de los contrarios a dicho fenómeno. Han invertido durante cuarenta años en promover el separatismo y, ahora, recogen el fruto de su esfuerzo. Los que antes han mirado para otro lado, ahora no pueden alegar que tienen catarata.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)