Cuando se visitan centros educativos,
se percibe como algunos maestros y profesores transmiten entusiasmo a sus alumnos con gran facilidad.
Es así con independencia de la materia educativa, el nivel, la edad o el sexo
de las personas en cuestión.
Evidentemente, los profesionales ya
mencionados, poseen esa cualidad porque nadie puede dar lo que no tiene. El
entusiasmo es fuente de vitalidad, de creación y de entrega. Obviamente, debe
aplicarse para causas nobles.
Los maestros y profesores catalanes
separatistas de hace cuarenta años, han puesto su capacidad creativa y su
entusiasmo al servicio de un objetivo político. El éxito ha sido absoluto
porque, los separatistas catalanes de la enseñanza actuales, son alumnos suyos. Aquéllos, en su tarea, se
olvidaron de educarlos en la libertad, el respeto a la lengua y cultura
“españolas” y en el desarrollo del espíritu crítico (objetivo presente en los
textos legales educativos de los últimos treinta años). También se olvidaron de
los derechos de los niños que (como nos recuerda la Convención de los Derechos
del Niño son todos los menores de 18
años) por su falta de madurez, necesitan protección y cuidado; que precisan de
su familia para crecer adecuadamente; que son los padres los que crían a sus
hijos y los dirigen en el ejercicio de sus derechos. Y, sobre todo, han
olvidado que en todas las medidas
referidas al niño prima el interés del menor.
El texto legal citado insiste que el
niño debe ser educado en valores como: espíritu de paz, dignidad, tolerancia,
libertad, igualdad y solidaridad.
Los separatistas catalanes, siempre
tan amantes de la paz y de la no violencia, han inoculado odio sin miramiento y
aplicado una metodología educativa basada en la falsedad y en las omisiones.
¿Hay forma de violencia más atroz que adoctrinar a un niño?
Si el Estado no interviene con la fortaleza
necesaria en el ámbito educativo, el problema se agravará. Solo basta con ver
la edad de los asistentes a las manifestaciones convocadas por los separatistas
y la de los contrarios a dicho fenómeno. Han invertido durante cuarenta años en
promover el separatismo y, ahora, recogen el fruto de su esfuerzo. Los que
antes han mirado para otro lado, ahora no pueden alegar que tienen catarata.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)