Hace unos días tuve la oportunidad de
leer el editorial del Diario “Una normativa para prevenir la obesidad” en la
que se refleja el interés de la Junta por frenar dicha lacra. Entre las medidas
que se piensan adoptar, me voy a referir a la siguiente: La obligatoriedad de que los colegios programen, al menos, cinco
horas de ejercicio físico para sus alumnos (el subrayado es mío).
En el momento actual, la
situación es la siguiente:
Con la normativa andaluza en vigor (Orden de 17 de marzo de 2015, por la que se
desarrolla el currículo correspondiente a la Educación Primaria en Andalucía),
al alumnado de dicha etapa educativa sólo se le garantizan dos módulos de 45
minutos semanales. Todo lo demás, son posibilidades organizativas de los
centros de carácter voluntario. Me detengo en la educación física porque hay aspectos
que son dignos de mención:
1º. Los módulos de 45 minutos son
inadecuados en una materia en la que, necesariamente, se pierde tiempo en los desplazamientos;
siendo muy eficientes, podríamos tener sesiones de 40 minutos. Cualquier
interesado en la cuestión, sabe que al comenzar la sesión de trabajo se precisan
unos minutos (fase de calentamiento) y otros tantos al finalizar la misma (fase
de relajación o de vuelta a la calma). Por ello, para la fase de desarrollo del
trabajo previsto nos quedaría muy poco tiempo.
2º. La educación física cuenta con
los mejores profesionales de todos los tiempos. Consecuentemente, saben que no
se puede hacer un buen trabajo con dos sesiones semanales de 45 minutos. Se
necesitarían, al menos, tres horas semanales y con la debida separación entre
sesiones (estimada en 72 horas).
Afortunadamente, el alumnado se siente
muy motivado en esta materia. Se entrega y disfruta. Un comportamiento
semejante es muy difícil de conseguir por los demás profesores. Por ello, me
atrevo a exclamar: ¡¡ No estropeen lo que puede funcionar muy bien!!
3º. ¿De dónde puede
sacar la Junta cinco horas de ejercicio
físico a la semana? Hábilmente, se habla de ejercicio físico y no de
educación física. De este modo la Junta puede transformar las 2,5 horas
semanales de recreo en “horas de ejercicio físico” equiparables a las de
educación física. Imagínense ustedes, cientos de alumnos en los patios de
recreo con el batido de leche (semidesnatada por supuesto) en una mano y el
bocadillo en la otra, tratando de impedir que un compañero meta un gol en una
portería improvisada (cuando escribo esto, me acuerdo de los recreos en los Salesianos
de los años sesenta en los que decenas de niños corríamos tras un balón, comprado de segunda mano y que nos duraba dos
días. Tocarlo una sola vez, se consideraba un éxito).
La Junta, en su irresistible avance
hacia la nada, es capaz de hacernos retroceder más de cuarenta años.
Roque
Gómez Jaén
(Puerto Real)