Para cualquier persona que le guste vivir en democracia, uno
de los derechos esenciales del ciudadano es la libertad de expresión. En la
actual Constitución Española se recoge en el artículo 20 y, al tratarse de un
derecho fundamental, está especialmente protegido y no pueda restringirse
mediante ningún tipo de censura previa. Pese a ello, no es un derecho absoluto
y tiene límites como el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y
a la propia imagen. Lo expresado tiene que ver con la noticia recogida en el Diario
de las expresiones del rapero Valtonyc que, en un concierto en Marinaleda,
animó al público asistente a matar a un guardia civil y a colocar una bomba al
fiscal. Todo ello en un denominado “Festival por la Paz”. En casos como este,
se comprende la necesidad de imponer límites a este derecho porque: ¿debemos
amparar constitucionalmente manifestaciones cargadas de odio?
No obstante,
podemos tener una visión más positiva del derecho a la libertad de expresión
viendo la excelente película de Spielberg: Los
archivos del Pentágono. En ella, la dueña del Washington Post, encarnada en la excelente actriz Meryl Streep, resiste,
en el momento cumbre de la película, las presiones de los amigos, de los
asesores jurídicos, de la presidencia de los Estados Unidos y de la Fiscalía.
El riesgo que corre no es baladí: la ruina de su propia empresa e incluso su
ingreso en prisión. El conflicto entre los intereses de la defensa nacional,
alegado por el gobierno americano, y la libertad de expresión del diario ya
mencionado y del New York Times, se
resuelve por el Tribunal Supremo con el argumento siguiente: Los padres fundadores han dado a la prensa
libre la protección que debe tener para desempeñar su papel esencial en nuestra
democracia. La prensa debe servir a los gobernados no a los gobernantes. Es
de agradecer la claridad y la precisión de los jueces norteamericanos en
asuntos como el que reseñamos.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)