Llegar a
Ubrique por la carretera de El Bosque es un espectáculo para la vista,
impresiona el macizo montañoso y el valle al fondo. Nunca me cansaré de verlo
ni de alabarlo. Yo creo, que con independencia de la excepcional belleza de la
zona, a un pueblo lo hace sus habitantes. De ellos, quiero hablar ahora:
Por motivos profesionales, he tenido
la fortuna de viajar a Ubrique un buen número de veces. En mis visitas pude
constatar que las personas a las que traté durante algo más de tres años eran,
por lo general, serias, trabajadoras y poco dadas a las lamentaciones.
La economía de Ubrique ha pasado unos
años malos pero ahora, una vez más, parece que remonta gracias al retorno de
empresas que emigraron y al éxito de la “marca Ubrique”. Me congratulo por todo
ello, pero cuando digo que Ubrique es un pueblo ejemplar lo hago pensando en
algo que me ocurrió en unas de mis visitas. A saber: Un día de invierno al
llegar a la avenida de España sobre las diez de la mañana me encontré que los
bares, habitualmente abiertos, estaban cerrados. Extrañado, recorrí un buen
trecho de la avenida mencionada y, por fin, pude encontrar uno abierto. Le
pregunté al camarero el motivo por el que los comercios estaban cerrados y me
dijo que los vecinos estaban enterrando a una persona muy querida. Este es uno de los motivos por los que pienso que
Ubrique es un pueblo ejemplar: ¡En pleno siglo XXI y plena globalización de la
indiferencia, un buen número de vecinos abandonan sus negocios para acompañar al
difunto a su última morada!
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)