jueves, 2 de agosto de 2018

003 Una persona un voto


En una sociedad democrática el viejo principio de “un hombre un voto” parece indiscutible; sin embargo, la transformación de dicho voto en escaños de una cámara legislativa como nuestro Congreso de los Diputados admite diversas posibilidades.

         Con la ley electoral vigente en España se pueden dar resultados tales que parecen contradecir el principio mencionado por otro que podría denominarse “un hombre un voto pero de valor desigual”.

         Tomemos como ejemplo algunos resultados –provisionales al día de la fecha- de las elecciones recién celebradas que pueden resultarnos llamativos:

El PNV con un total de 301.585 votos (1,2% del censo) ha obtenido 9 escaños en el Congreso. En las mismas elecciones IU con 923.133 votos (3,67% del censo) obtiene en la misma cámara 2 escaños. Dado el carácter nacional de las elecciones de que tratamos, el PNV está hiperrepresentado  porque con tres veces menos votantes obtienen 4,5 veces más diputados que IU.
         Esta sobrerrepresentación  del voto tiene un componente territorial. Así, en las elecciones ya nombradas, el PNV, vencedor en el País Vasco, obtiene un escaño en el Congreso por cada 50.264 votos. Sin embargo el PSOE, vencedor en Andalucía, precisa 63.654. Esta situación favorece los intereses de una comunidad autónoma en detrimento de los de otras como es el caso de Andalucía.

         Lo expresado, que puede sorprender, es consecuencia de la legislación electoral española que, con indudable buena fe, pretendía evitar la proliferación de partidos que se entendía negativo para la gobernación de España y además contentar a los  nacionalistas porque, ingenuamente, se pensaba que implicados en la política nacional se aplacarían en sus reivindicaciones. Los promotores, por lo visto, ignoraban que los  nacionalistas, por definición, no se contentan jamás.

         Como consecuencia de la normativa citada, los nacionalistas han rentabilizado su apoyo a los grandes partidos nacionales cuando éstos carecían de mayoría absoluta en el Congreso y, al mismo tiempo, mejoraron sus resultados electorales en sus respectivas comunidades autónomas al  mostrar la eficacia sus gestiones en Madrid. La falta de lealtad institucional es evidente pero efectiva.

         El PP, que en la última legislatura ha disfrutado de mayoría absoluta,  obsesionado por los graves problemas  económicos de nuestro país, ha confundido, en mi opinión, la parte por el todo. De ahí  que no se haya preocupado por introducir cambios en la legislación electoral pensando, probablemente, que el modelo actual le beneficiaba. Creo que en estos momentos de grave crisis nacional se precisa renunciar al beneficio partidario y dar primacía a los intereses nacionales.

         Incidiendo en esta cuestión, creo necesario se modifique la normativa electoral porque las ideas básicas de su redacción  han sido superadas por la deslealtad de los nacionalistas. Dichas formaciones políticas han sido consecuentes con sus intenciones y por ello, ante la pasividad de unos y el cinismo de otros, pretenden la desmembración de España. Ahora se trata de evitar por todos los medios disponibles que se salgan con la suya.




Roque Gómez Jaén  Puerto Real (Cádiz)