Hace días leí en el Diario la reseña
dedicada a la conferencia impartida por la profesora Enkvist, experta en
educación comparada, en las jornadas organizadas por el Círculo de Empresarios
del Sur de España denominadas “Círculo de pensamiento innovador”.
En
su exposición, la profesora mencionada valoró muy positivamente el modelo
educativo finlandés basándose en los excelentes resultados de dicho país
recogidos en el Informe PISA (2000).
La
profesora justifica el éxito finlandés por el hecho de seleccionar profesores
de un alto nivel intelectual. Algo parecido sucede con el sistema educativo
coreano.
El
informe McKinsey (2007) abunda en la misma idea al afirmar que: La calidad de un sistema educativo tiene
como techo la calidad de sus docentes.
En relación con esta cuestión, la Ley General
de Educación de 1970 establecía: El
acceso al Cuerpo de Profesores de Educación General Básica se podrá efectuar
directamente desde las Escuelas universitarias correspondientes sin necesidad
de pruebas posteriores en los casos de expedientes sobresalientes a lo largo de
todos los estudios. Este procedimiento que no eliminó la oposición
tradicional, permitió que en torno al 10% del alumnado de las distintas
escuelas accedieran a la función pública habiendo mostrado, al menos,
dedicación y esfuerzo. Parece razonable suponer que las personas que accedieron
por este procedimiento, que exigía calificaciones altas en todas las materias,
tenían las condiciones precisas para desarrollar bien su función como
profesores. Nos encontramos, por lo tanto, que en 1970 España ya disponía de un mecanismo de acceso a la
función docente muy semejante al que ahora tanto se valora.
Lamentablemente
este procedimiento duró muy poco quizá porque era fruto de una Ley franquista y
había que eliminarla. Además, parece que
este sistema es incompatible con el marco territorial creado por la
Constitución Española de 1978. ¿Se imaginan ustedes diecisiete autonomías y el
ministerio de Educación poniéndose de acuerdo en algo?
Eliminado
el sistema anterior, el actual ha permitido que alumnos con expedientes
brillantes y no menos brillantes ejercicios en la oposición, se queden sin acceder
a la función pública con el consiguiente daño al servicio público. Si como el
sentido común y la profesora Enkvist señalan un profesorado de alto nivel
intelectual es clave para un sistema educativo de calidad, el modelo actual no
parece ser el más adecuado. No debe extrañarnos, por lo tanto, que España no
haya salido muy bien parada en los sucesivos informes PISA (2003, 2006 y 2009).
Personalmente,
asumo las ideas de la profesora Enkvist en lo que se refiere a los procesos de
selección del profesorado y su incidencia en la mejora del sistema educativo.
No por ello, voy a pensar que las soluciones a los problemas educativos sean
sencillas.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)