domingo, 5 de agosto de 2018

099 El cáncer de España


En los últimos sondeos del INE el problema planteado por el separatismo catalán ocupa el séptimo lugar entre las preocupaciones de los españoles. En mi opinión, el primer y gran problema de España lo constituye el separatismo en sus diversas modalidades.
El separatismo, como el cáncer, tras un período más o menos largo de latencia muestra su rostro y, tenazmente, acaba con el órgano en el que está incrustado y del que se alimenta. Sus primeros síntomas son imperceptibles y, con frecuencia, no se les toma en consideración por miedo o por comodidad. En determinados momentos de su desarrollo, el cáncer lanza emisarios hacia otros órganos y de ese modo completa su funesta tarea. Del mismo modo, el separatismo catalán y el vasco sirven de modelo a  comunidades autónomas como Valencia, Baleares y Galicia. La excusa es tener una lengua propia que oponer a la española.
Lo más grave es que el pensamiento separatista está cuajando en lugares insospechados: he oído a jóvenes andaluces manifestar que no se sienten españoles y, en Extremadura, he podido percibir un interés desmesurado por lo propio que me resulta chocante.
Una demostración muy clara de particularismo, lo hemos visto estos días en Castilla la Mancha cuando el Gobierno de España, cumpliendo la normativa vigente, ha decidido trasvasar 60 Hm3 de agua desde la cuenca del Tajo a la del Segura para garantizar las cosechas de Valencia y Murcia. Algunas autoridades de la comunidad ya mencionada han puesto el grito en el cielo porque creen que el agua es solo suya. Parecen olvidar que las formidables infraestructuras realizadas en su territorio se hicieron con el dinero de todos y, también olvidan, que hubo un momento, no muy lejano en términos históricos, en el que las naranjas que Valencia exportaba eran vitales para que entraran en España divisas indispensables para nuestro crecimiento económico.
En estos días el Ebro lleva un caudal de 2000 m3/seg destruyendo a su paso vidas y haciendas. Con dicho flujo de agua en diez horas se habrían cubierto los 60 Hm3 precisos para la agricultura mediterránea en los próximos tres meses. ¿Es posible que alguna vez tengamos un plan hidrológico nacional que no pueda ser boicoteado por los separatistas catalanes y sus colaboradores? ¿Comprenderemos algún día que la autonomía regional exige un poder central fuerte como las costillas precisan un esternón donde insertarse?

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)