Hace unos días, pude
leer en el Diario una entrevista con
el escritor jiennense Eslava Galán en la que el notable escritor afirmaba que
el sistema educativo ha degenerado por culpa de los padres que incumplen con su
obligación de educar.
Reconociendo la
obligación de los padres de educar a sus hijos me siento obligado a disentir del
ilustre escritor, que habla desde su perspectiva de catedrático de Inglés,
porque su afirmación me parece demasiado rotunda. La expresión me parece tan injusta
como si alguien afirmara que el mal funcionamiento del sistema educativo es
achacable sólo y exclusivamente al profesorado.
Parece que Eslava Galán
acude en apoyo del profesorado y es
exactamente al revés porque, culpabilizando a los padres, desvaloriza el papel del profesorado en la mejora
del sistema educativo. Sólo la intervención del profesorado puede explicar que,
centros que reciben alumnos del mismo perfil socioeconómico, puedan ofrecernos
rendimientos educativos muy dispares.
Desde mi punto de
vista, los cambios generados en la sociedad española en el tránsito de un
régimen autoritario a otro democrático han afectado a servicios esenciales como
educativo. Creo que más que
responsabilizar a los padres hay que hacerlo con los poderes públicos
que han propiciado la dejación del Estado en esta materia. Aporto como ejemplo
un párrafo del preámbulo de la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE)
que siempre me llamó la atención: En el
ámbito educativo, ese control social y esa exigencia de transparencia han sido
encomendados, más directamente que a los poderes públicos, a padres, profesores
y alumnos, lo que constituye una
preferencia por la intervención social frente a la intervención estatal.
Durante más de treinta
años, he podido percibir el esfuerzo
considerable de padres y madres que, en ocasiones, ha permitido superar
carencias lacerantes en los centros públicos. Nunca podré agradecerlo
suficientemente porque no se trata de buscar culpables sino de encontrar colaboradores.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)