El
día 7 de diciembre de 1941, la armada japonesa mandada por el almirante Nagumo,
sin previa declaración de guerra, atacó la base naval de los Estados Unidos de
Pearl Harbor con los resultados y consecuencias por todos conocidos. El día 8,
el presidente Roosevelt en un discurso ante el Senado y la Cámara de
Representantes reunidos en sesión conjunta comenzó su alocución de tan solo 522
palabras de la siguiente forma: Ayer, 7
de diciembre de 1941 –una fecha que vivirá en la infamia- Estados Unidos de
América fue atacado…
Todos los pueblos tienen días de infamia
y nuestro país no es una excepción. Puedo pensar en varios sólo para los
últimos cuarenta años. Sin embargo, no me voy a mencionarlos. Me referiré a
infamias que pasan casi desapercibidas, no se recuerda ni la fecha del
acontecimiento. Uno de esos días, pude ver al presidente de la Generalidad
Artur Mas y su séquito visitando una
escuela de niños pequeños –no creo que
superaran los cinco o seis años- y, cuál no sería mi sorpresa, al ver como en
un determinado momento esos mismos niños comenzaron a gritar vivas a
favor de la independencia de Cataluña.
Los estadounidenses son afortunados, sus
días de infamia –plenos de dolor y zozobra- son provocados, como es natural,
por extranjeros enemigos de su país. En el caso a que me he referido que podría
denominarse como de infamia gris, no hay enemigos externos sino internos; viven
en la vieja piel de toro.
Los estadounidenses, cuando les toca,
identifican a los infames, los combaten
sin tregua y generalmente triunfan. Aquí no, incluso parecen personas
honorables. En las imágenes de televisión el señor Mas aparecía muy regocijado.
También participaban del jolgorio, maestros y maestras, probablemente
directivos del centro, cargos de la administración educativa catalana… Todos
ellos, funcionarios públicos del Estado español. Nadie, que yo conozca, dijo
esta boca es mía y yo me pregunto ¿cómo es posible que se pueda manipular a los
niños de esta edad sin que ninguna de esas instituciones que dicen proteger al
menor hayan puesto el grito en el cielo?
Esta infamia, de baja intensidad,
tolerada por muchos y oscurecida en los medios de comunicación es muy peligrosa
para los intereses de España y muy efectiva para los fines de los separatistas: primero porque es sólo
una muestra de otras muchas que se cometen a diario y son poco conocidas y
segundo, porque actúa sobre niños que carecen de discernimiento. La alegría del
Sr. Mas –que en ese momento representaba en Cataluña un Estado que no reconoce- estaba justificada porque la
cantera de futuros separatistas se mostraba esplendorosa. Para los españoles
debería ser un día más de tristeza y
desolación.
Desde
mi punto de vista, los responsables de
que esta infamia haya quedado impune son todos aquellos que por acción u omisión, incumpliendo sus obligaciones, han permitido situaciones
como la descrita.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)