La muerte de Fidel Castro ha generado
declaraciones de los distintos líderes políticos. En general, han sido
comedidas y una persona tan locuaz como Pablo Iglesias se ha limitado a
comentar que en la trayectoria de Castro hay luces y sombras (poca cosa para un politólogo profesional).
Es preocupante que los jóvenes políticos
dispuestos a gobernar nuestro país muestren tan poco interés por el futuro de
Cuba y la posición de España al respecto.
Creo de interesante recordar que
durante la dictadura franquista las relaciones de España con Cuba se rigieron
por la denominada doctrina Estrada que, en esencia, consiste en la no injerencia
en los asuntos internos de otros países y el derecho a la autodeterminación de
los mismos. Esta doctrina no se mantuvo con los presidentes González y Aznar. Las
tensiones con la dictadura castrista, sobre todo con el presidente Aznar, fueron frecuentes y las buenas relaciones pasaron
a ser historia.
Cuando el gobierno de Estados Unidos
decretó en 1960 el bloqueo a Cuba, España se mantuvo fiel a la doctrina Estrada
lo que tuvo consecuencias. Así, en 1964 el
buque mercante español “Sierra de Aranzazu”, que cargaba mercancía
variada para Cuba, fue ametrallado en el año 1964 por un buque que tripulado
por un comando de anticastristas. En el ataque, la tripulación tuvo que
abandonar el barco y sufrir la muerte de tres marinos españoles. Yo entonces era
un niño y la noticia fue muy comentada, recuerdo fotografías en la prensa y,
quizá, lo viera en el Nodo. En Cádiz, ciudad marinera donde
las haya, fue un suceso muy comentado porque era difícil de comprender que un
pacífico buque mercante fuera ametrallado. Pese a este suceso trágico, España
siguió manteniendo relaciones comerciales con Cuba y llegó a construir un buen
número de buques para la marina cubana en astilleros españoles.
En mi opinión, una política de
bloqueo es el mayor favor que se le puede hacer a una dictadura porque la
población afectada se une al dictador ante la amenaza exterior (de no ser así,
Cuba no tendría un gasto militar 6,5% del PIB en el año 1988) y legitima la
tiranía. En definitiva, creo que la doctrina Estrada es muy adecuada para evitar situaciones como las narradas.
Desde mi punto de vista, algunos de
nuestros jóvenes políticos deberían dedicar algún tiempo a conocer la historia
reciente de nuestro país así como el funcionamiento de la administración.
Recomendaría para políticos recién llegados un curso intensivo en el Instituto
Nacional de Administración Pública (INAP).
Roque
Gómez Jaén
(Puerto Real)