sábado, 4 de agosto de 2018

029 Fidel Castro y la diplomacia española

La muerte de Fidel Castro ha generado declaraciones de los distintos líderes políticos. En general, han sido comedidas y una persona tan locuaz como Pablo Iglesias se ha limitado a comentar que en la trayectoria de Castro hay luces y sombras  (poca cosa para un politólogo profesional).
Es preocupante que los jóvenes políticos dispuestos a gobernar nuestro país muestren tan poco interés por el futuro de Cuba y la posición de España al respecto.
Creo de interesante recordar que durante la dictadura franquista las relaciones de España con Cuba se rigieron por la denominada doctrina Estrada que, en esencia, consiste en la no injerencia en los asuntos internos de otros países y el derecho a la autodeterminación de los mismos. Esta doctrina no se mantuvo con los presidentes González y Aznar. Las tensiones con la dictadura castrista, sobre todo con el presidente  Aznar,  fueron frecuentes y las buenas relaciones pasaron a ser historia.
Cuando el gobierno de Estados Unidos decretó en 1960 el bloqueo a Cuba, España se mantuvo fiel a la doctrina Estrada lo que tuvo consecuencias. Así, en 1964 el  buque mercante español “Sierra de Aranzazu”, que cargaba mercancía variada para Cuba, fue ametrallado en el año 1964 por un buque que tripulado por un comando de anticastristas. En el ataque, la tripulación tuvo que abandonar el barco y sufrir la muerte de tres marinos españoles. Yo entonces era un niño y la noticia fue muy comentada, recuerdo fotografías en la prensa y, quizá, lo viera  en el Nodo. En Cádiz, ciudad marinera donde las haya, fue un suceso muy comentado porque era difícil de comprender que un pacífico buque mercante fuera ametrallado. Pese a este suceso trágico, España siguió manteniendo relaciones comerciales con Cuba y llegó a construir un buen número de buques para la marina cubana en astilleros españoles.
En mi opinión, una política de bloqueo es el mayor favor que se le puede hacer a una dictadura porque la población afectada se une al dictador ante la amenaza exterior (de no ser así, Cuba no tendría un gasto militar 6,5% del PIB en el año 1988) y legitima la tiranía. En definitiva, creo que la doctrina Estrada es muy adecuada  para evitar situaciones como las narradas.
Desde mi punto de vista, algunos de nuestros jóvenes políticos deberían dedicar algún tiempo a conocer la historia reciente de nuestro país así como el funcionamiento de la administración. Recomendaría para políticos recién llegados un curso intensivo en el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)