El sábado 30 de septiembre el ministro Méndez Vigo
manifestaba que las autoridades separatistas catalanas habían actuado con
deslealtad institucional. Me parece un reconocimiento tardío e insuficiente. En
el ya lejano 1939 el periodista y escritor alemán S. Haffner afirmaba que: una revolución consiste en alterar una
Constitución por medios no previstos en ella. Más que hablar de deslealtad deberíamos
hacerlo de situación prerrevolucionaria.
Como últimamente se habla mucho en España de
federalismo y me he referido a un alemán, convendría que aprendiéramos de la
república federal alemana el principio de lealtad federal que puede entenderse
como una pauta de conducta, tanto de los órganos federales como de los distintos estados miembros, de
modo que en sus actuaciones tengan siempre presente los intereses mutuos y los
del conjunto del Estado. No constituyen
instituciones separadas de poder público sino que, de ordinario, cooperan en el
desarrollo de las funciones del Estado.
Esto es posible en una federación que tiene trece
estados federados y tres ciudades-estado. Al mismo tiempo, es imposible que el
ministro-presidente de Baviera Horst Lorena Seehofer o el alcalde- presidente
de Hamburgo Olaf Scholt votaran en un
referéndum considerado ilegal por el poder judicial.
En Cataluña hemos podido ver la grotesca imagen de
Puigdemont votando a favor de la independencia de Cataluña. Resulta extraño que
una parte de la sociedad catalana, siempre tan cercana a Europa, actúe con
planteamientos antidemocráticos y con conductas más propias de la Alemania de
1933 que de la Europa de 2017.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)