jueves, 2 de agosto de 2018

006 Pedro Sánchez dice no a Rajoy


Pedro Sánchez ha reiterado hasta la saciedad que no piensa dialogar con Mariano Rajoy y justifica su actitud por la corrupción en el PP que Rajoy preside. Por ello, en el debate del pasado 14 de diciembre  Sánchez llamó indecente a Rajoy y lo consideró indigno de ocupar la presidencia del gobierno. En mi opinión, en la actitud del líder socialista influyen de manera determinante factores personales e ideológicos.
La diferencia de edad, al parecer, no favorece el diálogo. Hoy día una diferencia de 17 años, la que hay entre Rajoy y Sánchez, equivale  a una generación. También hay diferencias temperamentales: Rajoy es frío, cauteloso y paciente mientras que Sánchez es impulsivo, impaciente y, en ocasiones, muestra rasgos autoritarios. Son características de un hombre joven en proceso de maduración pero Pedro Sánchez tiene 43 años y las prisas por alcanzar la Moncloa, muy evidentes, le perjudican porque generan imprudencia.
En el debate citado, Sánchez se mostró muy sensible a lo que él considera menosprecio. En diversas ocasiones, le pidió a Rajoy que no fuera condescendiente –tomando  el término en su sentido negativo- con él. Es posible que Rajoy mostrara condescendencia pero a Sánchez le faltó cintura para digerir la crítica porque, en definitiva, no tolera que un hombre mayor que él, corrupto e indigno, le haya ganado las elecciones y que se lo advirtiera en el debate. Para colmo Sánchez, preso de sus propias palabras, tiene motivos para sentirse fracasado: ha perdido las elecciones y el PSOE ha obtenido los peores resultados de su historia.
            Ahora bien, en mi opinión, la verdadera razón por la que Sánchez se niega a dialogar con Rajoy es ideológica. Se trata de la vieja idea asentada en la izquierda española de que tiene más legitimidad que la derecha para gobernar nuestro país. Se comprende que uno piense que sus ideas son las mejores, pero no que se deslegitime al adversario político al extremo de considerarlo un enemigo al que es preciso destruir. En realidad, el hecho de no admitir intelectualmente que las ideas de los demás puedan ser tan válidas como las tuyas nos conduce a una visión totalitaria del poder.
            La disposición de Pedro Sánchez a pactar con la extrema izquierda y los separatistas y, al mismo tiempo, negarse a dialogar con el partido que ha ganado las elecciones ha creado un grave problema al PSOE –partido esencial en la vertebración de España- y, en consecuencia, coloca al líder socialista en la cuerda floja. De ahí, que ha transformado la corrupción del PP en la corrupción de Mariano Rajoy y, al mismo tiempo, pretende que la de su propio partido no le salpique personalmente. Sánchez sabe que si no alcanza el poder sus días como secretario general del PSOE están contados. De ahí su necesidad de pactar con quien sea.
            Finalmente, creo que el PSOE y Pedro Sánchez deberían tener en cuenta dos cuestiones importantes:
1ª: Si entendemos el diálogo como lo define la enciclopedia Larousse: “el debate entre personas, grupos o ideologías de opiniones distintas y aparentemente irreconciliables, en busca de una comprensión mutua” no extenderlo al PP sería caer en el dogmatismo partidario y el fanatismo.
2ª: El plus de legitimidad que reclama el PSOE para sí mismo, será transformado en hiperlegitimidad por los partidos de extrema izquierda. Es fácil de entender: si la izquierda tiene más legitimidad que la derecha, la extrema izquierda tendrá hiperlegitimidad ante el PSOE y, cuando acceda al poder, la democracia española, tanto tiempo anhelada, tendrá un grave problema.

Roque Gómez Jaén   Puerto Real (Cádiz)