Últimamente hemos conocido que Pablo
Iglesias, que a los 22 años se consideraba un Konsomol indignado, pretende que los niños de 14 años puedan
participar con voz y voto en Podemos. Así, un niño que no ha terminado
su enseñanza obligatoria ni tiene acceso al mercado laboral, podría con su voto
decidir en la línea política del partido; los programas electorales; los pactos
o en cualquier otro asunto considerado
relevante por la organización.
Iglesias
parece añorar los años en los que los jóvenes de la URSS ingresaban en el Konsomol (organización juvenil del
partido comunista de la Unión Soviética), “precisamente” a los 14 años.
El modelo de hombre soviético que exaltaba
el Konsomol se ejemplifica con Pávlik
Morozov, glorificado en la URSS porque con 13 años denunció a su padre.
Hacerlo, le costó la vida –asunto hoy día cuestionado-. Resulta que el amor al
Estado era más importante que el debido a su padre. Esta es la cuestión: ¿puede un partido
político, sea el que fuere, educar a
niños de 14 años?
La Convención de los Derechos del Niño nos ayuda en la respuesta al
manifestar:
El niño, todo ser humano menor de 18 años, por su falta de madurez necesita
protección y cuidados.
El medio natural para su crecimiento y bienestar es la familia.
Los padres crían a sus hijos y los dirigen en el ejercicio de sus
derechos.
En
todas las medidas referidas al niño prima el interés del menor.
El
niño debe ser educado en valores como: espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad,
igualdad y solidaridad.
El modelo de persona que persigue la Convención es muy distinto
del representado por jóvenes soviéticos como
Morozov o el obrero Stajánov. Éste
multiplicaba su rendimiento como minero a cambio de mejoras salariales (en clara
incoherencia con el igualitarismo soviético).
Si la propuesta de Iglesias prospera, las autoridades competentes deberán
actuar de inmediato.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)