Hace más de treinta años tuve la
suerte de estudiar el excelente manual de Carlton Hayes: Historia Política y Cultural de la Europa Moderna. Al tratar de las
reformas educativas de la III República francesa, una frase, atribuida al político
francés Gambetta, se quedó grabada en mi mente hasta el día de hoy. Es la
siguiente: los maestros de escuelas
prusianos habían ganado la última guerra,
los maestros de escuela franceses tenían que ganar la próxima. La
frase mencionada me conmocionó porque se encomendaba a los maestros franceses
una tarea muy desesperanzadora.
Hace unos días he visto, con desazón,
como unas niñas catalanas de no más de diez años, afirmaban que el referéndum
que se avecinaba permitiría que fueran más libres y que no se les podría
manipular. Por supuesto, ellas si pudieran votarían sí en la consulta electoral
a que me refiero.
He comprendido que el mensaje de
Gambetta ha sido sustituido, por las autoridades catalanas de los últimos
cuarenta años, por otro consistente en
transformar los centros educativos en viveros de separatistas. Mediante la
manipulación más abominable, los manipulados afirman querer un referéndum para
que nadie les manipule. Esta manipulación, este pensamiento único y, en
definitiva, este odio a España ha sido posible porque, a diferencia de los
políticos franceses de la III República, los políticos españoles no exigieron
que en los centros educativos españoles nuestros niños quedaran inmunizados
contra todo tipo de enseñanza reaccionaria y partidista. Lo vamos a pagar caro
si, a partir del día 2 de octubre, los partidos nacionales no se comprometen a
impedir que en lo sucesivo se siga lavando el cerebro de los alumnos de
Cataluña.
La solución al problema, bajo ningún
concepto, puede significar un incremento
de las competencias de Cataluña ni introducir cambios en la concepción
del Estado: federalismo asimétrico, plurinacionalidades, nación de naciones,
naciones no nacionalistas…; lindezas todas muy adecuadas para tratar de
confundir al personal que, al parecer, es de lo que se trata. A diferencia de
otros muchos, considero que la historia sí se puede repetir lo mismo que un
organismo sano puede recaer en una enfermedad ya superada. La tragedia de
España es la colaboración de los separatistas vascos y catalanes en un único objetivo: la
destrucción de nuestro país. Lo ya sufrido puede, en cualquier momento, volver
a suceder. De ser así, los responsables por acción u omisión deberán pagar su
culpa.
Roque
Gómez Jaén
(Puerto Real