domingo, 5 de agosto de 2018

042 Un pinsapo en El Molar


Desde hace nueve años, paso temporadas más o menos largas en El Molar pueblo de la sierra  norte de Madrid. Semanas atrás en la revista municipal “El Molar contigo” nº 6, se trató sobre un pinsapo de buen porte ubicado en la Plaza Mayor. Dado que el hábitat del abeto no es el más adecuado (clima muy seco y temperaturas muy altas en verano) se le califica de superviviente. Guiado por la curiosidad le pregunté por el pinsapo a un anciano del lugar que me informó que dicho árbol se plantó en el sitio actual en el año 1964 y costó 5.500 pesetas; además, me justificó, con indudable humor negro, la supervivencia del abeto por el hecho de que en el subsuelo existían enterramientos que aportaban mucha “sustancia”.
Inevitablemente, me acordé de nuestro hermoso bosque de pinsapos de la sierra de Grazalema. Cuando en Madrid el pinsapo es un árbol admirado por su excepcionalidad y todo el mundo habla de proteger el ejemplar de El Molar, en nuestra tierra podemos disfrutar de hectáreas de estos hermosos abetos. Tenemos el deber de cuidarlos y dejarlos como herencia para nuestros hijos y nietos.

El pinsapo no tiene valor económico porque su madera no es de calidad (en la sierra gaditana se puede escuchar la siguiente expresión: “Es más malo que la madera de pinsapo”) pero sí tiene un valor medioambiental y ornamental porque, en efecto, el pinsapo como especie es un superviviente de los bosques de coníferas que poblaban la tierra hace millones de años.


Roque Gómez Jaén (Puerto Real)