Parece que corren tiempos revueltos en la
sanidad andaluza, servicio que Susana Díaz denominó la joya de la Corona. En el anuario Joly 2017 Andalucía, corroborando que es tiempo convulso en nuestra
sanidad, se recoge, citando al Defensor del Pueblo Español, que los pacientes
andaluces no acceden a medicamentos que sí financia la sanidad pública en el
resto del país lo que podría, en mi opinión, vulnerar el principio de igualdad
en el acceso a los fármacos. Además, según la asociación de farmacéuticos de
Andalucía, el sistema de subasta implantado en nuestra tierra tiene problemas
habituales de abastecimiento y algunos de los suministradores, laboratorios
indios o eslovenos, tienen dudosos controles de calidad y carecen de producción
suficiente.
No soy partidario de hacer críticas globales
de servicios públicos porque desmoralizan a sus trabajadores, generan
desconfianza y favorecen a demagogos populistas que, en un alarde de
creatividad, han llegado a afirmar que los problemas de la sanidad andaluza se
solucionan cambiando las estructuras sin añadir nada más.
En estos días, he leído en el Diario que el informe generado por la inspección
de servicios sanitarios en la Unidad de Cirugía General y Aparato Digestivo del
Hospital Puerta del Mar es un documento público y se facilitará a la
organización médica colegial, partidos políticos y sindicatos.
Me
produce perplejidad que dicho documento no sea accesible para cualquier
ciudadano porque según Pablo Iglesias, de profesión politólogo, los ciudadanos
somos los jefes y los políticos nuestros trabajadores. No veo razón alguna para
que los ciudadanos no podamos acceder al dichoso informe. ¿Tan difícil es subirlo
a la Red?
Estoy convencido de la necesidad de supervisar
todos los servicios públicos y que los informes que se generen, a excepción de
los relacionados con la seguridad nacional, sean de dominio público. En esta
tarea se debe pedir la colaboración de los ciudadanos porque, en el caso que
nos ocupa, difícilmente podremos evaluar complejas cuestiones médicas pero sí
podríamos hacerlo en aspectos de la organización y el funcionamiento de los
servicios médicos que utilizamos todos los días.
Hay que desterrar la idea de que la
supervisión tiene un carácter punitivo por el mero hecho de ser aplicada. Por
el contrario, desde mi punto de vista, es un elemento esencial en cualquier
organización que pretenda ser eficiente.
Roque Gómez Jaén (Puerto
Real)