domingo, 5 de agosto de 2018

108 Francisco Tomás y Valiente


Se atribuye a Ignacio de Loyola el consejo: En tiempos de tribulación no hacer mudanza. No parece que nuestros políticos lo hayan tenido en cuenta. Así, en unos días, se han cargado al presidente del gobierno, a un ministro recién llegado y, finalmente, algunos, a rebufo del caso Nóos, esperan continuar el proceso con la eliminación de la monarquía parlamentaria.
Yo creo que nuestro país vive una etapa de tribulación sin precedentes y los españoles no acabamos de enterarnos. Pese a ello, en estos días, se ha comentado ampliamente la intervención de un nieto de Tomás y Valiente en la que reclamaba, ante numerosos políticos, equidad en materia educativa. La fortaleza de un joven de menos de 20 años, me ha traído a la memoria el asesinato de su abuelo a manos de ETA.
En la actualidad española, se echan en falta personas como Tomás y Valiente cuya muerte, en mi opinión, pudo ser evitada. Recuerdo que cuando fue asesinado en su propio despacho de la Universidad Autónoma de Madrid hablaba por teléfono con el profesor Elías Díaz y éste pudo oír los disparos que acabaron con su interlocutor. Se nos dijo que no tenía protección policial porque no la quería. Yo creo que la democracia española, tan frágil entonces (1996) como ahora, no podía permitirse el lujo de prescindir de personas tan necesarias para su consolidación. Su muerte, sirvió para que más de 800.000 personas salieran a las calles pero también frustró un deseo suyo expresado por escrito: Yo también quisiera, como Manuel Vicent, morir sentado en una mecedora blanca frente al Mediterráneo, mirando sin pestañear la línea del horizonte.
         Estas breves líneas tratan de ser consoladoras y reivindicativas porque, como bien sabía el mismo Tomás y Valiente, los muertos viven en la memoria de los vivos.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)