Se
atribuye a Ignacio de Loyola el consejo: En
tiempos de tribulación no hacer mudanza. No parece que nuestros políticos lo
hayan tenido en cuenta. Así, en unos días, se han cargado al presidente del
gobierno, a un ministro recién llegado y, finalmente, algunos, a rebufo del caso Nóos, esperan continuar el proceso con
la eliminación de la monarquía parlamentaria.
Yo
creo que nuestro país vive una etapa de tribulación sin precedentes y los
españoles no acabamos de enterarnos. Pese a ello, en estos días, se ha
comentado ampliamente la intervención de un nieto de Tomás y Valiente en la que
reclamaba, ante numerosos políticos, equidad en materia educativa. La fortaleza
de un joven de menos de 20 años, me ha traído a la memoria el asesinato de su
abuelo a manos de ETA.
En
la actualidad española, se echan en falta personas como Tomás y Valiente cuya muerte,
en mi opinión, pudo ser evitada. Recuerdo que cuando fue asesinado en su propio
despacho de la Universidad Autónoma de Madrid hablaba por teléfono con el
profesor Elías Díaz y éste pudo oír los disparos que acabaron con su
interlocutor. Se nos dijo que no tenía protección policial porque no la quería.
Yo creo que la democracia española, tan frágil entonces (1996) como ahora, no
podía permitirse el lujo de prescindir de personas tan necesarias para su
consolidación. Su muerte, sirvió para que más de 800.000 personas salieran a
las calles pero también frustró un deseo suyo expresado por escrito: Yo también quisiera, como Manuel Vicent,
morir sentado en una mecedora blanca frente al Mediterráneo, mirando sin
pestañear la línea del horizonte.
Estas breves líneas tratan de ser consoladoras y
reivindicativas porque, como bien sabía el mismo Tomás y Valiente, los muertos
viven en la memoria de los vivos.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)