En su definición de lealtad Ambrose Bierce establece la no
bilateralidad del concepto. Los dirigentes del separatismo catalán han hecho
suyo el cinismo de dicho autor.
Los que ya tenemos cierta edad y hemos leído algo sobre la
historia de nuestro país, podemos poner algunos ejemplos sobre la deslealtad de
los separatistas. Ahora me acuerdo de la LOAPA, ley que, acertadamente, fue
pactada entre la UCD y el PSOE viendo el cariz que tomaba la cuestión
territorial y el chantaje permanente de los separatistas. Aprobada en 1982 fue
recurrida y, un año más tarde, el
Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales catorce de los treinta y
ocho artículos de la LOAPA dejándola desarbolada.
El gobierno español, como es razonable en un estado
democrático y de derecho, acató la sentencia. Los separatistas se mostraron
encantados con ella y el diario El País la aprovechó para dar un varapalo al
gobierno del PSOE cuyo ministro de justicia había asesorado sobre el texto
legal a que nos referimos. Nadie habría aceptado un comportamiento semejante al
que ahora treinta y cuatro años más tarde, adopta el gobierno catalán ante las
decisiones del Tribunal Constitucional que no comparte.
Desde mi punto de vista, el separatismo debe observarse desde
la convicción de que dicho movimiento no es democrático, no es reversible y
siempre tendrá la necesidad de territorios irredentos –en el caso catalán
Baleares, Valencia y el Rosellón francés- que justifiquen su permanencia en el poder
dado que, su única ideología, es la reivindicación permanente .
Los separatistas catalanes, como todos los fanáticos, lo que
ponen de manifiesto es que detrás de su aparente firmeza siempre se oculta una
duda. En estos días, el inefable Puigdemont ha mostrado la suya: siempre pensó
que los tanques del ejército español llegarían por la Diagonal barcelonesa y,
ahora, se encuentra a la policía en sus puertos ocupando buques de pasaje. No
hay nada como el miedo para perder la razón.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)