Hace unos días vi en la televisión
pública un documental sobre la producción de “stevia” (planta edulcorante originaria
de Sudamérica) en Conil. No parece que hubiera problema alguno con la
adaptación de la planta (sucede lo mismo en localidades de Málaga y Granada) y,
según expuso el agricultor ante las cámaras, la producción de “stevia” se
vendía a Alemania. Esto que puede parecer anecdótico, es uno de los problemas
que caracterizan la economía andaluza: somos capaces de producir productos
agrícolas a precios competitivos pero no de transformarlos nosotros mismos.
De la “stevia” se extrae un poderoso
edulcorante al extremo de que en el típico comprimido en que se nos ofrece, el
99% del peso es un aglutinante químico –el excipiente habitual de los
medicamentos- y el 1% restante es el principio activo de la “stevia” que es lo
que realmente nos interesa. En definitiva, nosotros exportamos a Alemania un
cierto número de toneladas de “stevia” y los alemanes por cada una de ellas, venden
a todos los países 99 Tm de aglutinantes. Evidentemente, el negocio favorece
más a los industriales germanos que a los productores de la materia prima.
Si entramos en la Red comprobaremos,
a modo de ejemplo, como una empresa alemana nos ofrece “stevia” en comprimidos,
en polvo o en gotas. De igual forma, sucede con otros productos con la
irremediable pérdida de valor añadido de los mismos.
Conviene recordar como, hasta hace pocos
años, produciendo una buena parte de la cosecha española de algodón, apenas
contábamos con desmotadoras para iniciar los procesos industriales más
elementales relacionados con dicha planta. Ahora, cuando Andalucía produce casi
el 100% del algodón español, las multinacionales lo compran con algo más de
elaboración.
La rentabilidad de nuestros cultivos
exige industrializar la agricultura, concentrar esfuerzos y no caer en la
tentación de centrar nuestra atención en
las subvenciones porque, entre otras cosas, dependen de decisiones políticas
que no controlamos.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)