El
PSOE, partido que parece sumido en el desconcierto, en pleno proceso electoral
para elegir secretario general, ha encontrado un motivo más para la división: la
financiación de cada uno de los componentes de la tríada de aspirantes al cargo.
Pedro Sánchez ha
encontrado como fuente de financiación para su campaña el micromecenazgo (llamado
por algunos crowdfunding) y parece
que la cosa marcha bien porque en veinte días ha recogido más de 80.000 €
gracias a 2000 donantes. Se trata de una
fórmula que fue utilizada con éxito por el presidente Obama en sus campañas
electorales. En nuestro país parece que la discusión de Sánchez con la gestora
del PSOE, se centra en la necesidad de justificar la identidad de los donantes
y si el micromecenazgo está amparado o no por la Ley Orgánica 8/2007, de 4 de
julio, sobre financiación de los partidos políticos.
Desde
mi punto de vista, este tipo de financiación es muy adecuado porque las
pequeñas cantidades en ningún caso comprometen
el futuro del candidato; sin embargo, cuando las donaciones son anónimas
y de grandes cantidades, la sombra de la corrupción planea sobre los partidos
políticos.
Lo
que sí reprocho a Pedro Sánchez es que
no renunciara a los 11.800 € percibidos al abandonar voluntariamente el Parlamento.
Evidentemente, no se discute la legalidad de dicha indemnización pero, si se
trata de una nueva forma de hacer política y de identificarnos con las personas
que sufren la lacra del paro, Sánchez podría haber renunciado a la cantidad ya
nombrada porque ningún trabajador en
idénticas circunstancias tiene derecho al subsidio de desempleo. En definitiva,
los políticos con sus numerosos
privilegios no hacen más que alejarse del pueblo al que dicen representar.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)