domingo, 5 de agosto de 2018

064 La paz


Hace unos días observé como un abejorro se lanzaba sobre los grafitis de colores de un muro, lo que creía una flor era un trozo de piedra. Insistía pero nunca chocaba con la pared. Convencido del espejismo se acabó marchando. Cada vez que suceden matanzas como la reciente de Barcelona comprendo que la paz es un espejismo y que, a diferencia del abejorro, siempre chocamos con el mismo muro. Cuando hablo de paz no me refiero, por supuesto, ni a la de los cementerios ni a la de los regímenes totalitarios.
 Tras los atentados se repiten los mismos gestos que, indudablemente, consuelan a las víctimas y a sus familias pero, en mi opinión, son de escasa utilidad si tenemos como objetivo  vencer en una guerra, no declarada, en la que todos participamos. Necesitamos, comprender, así mismo, que nunca podremos estar seguros del todo.
Uno de los errores más frecuentes, es preguntarnos por los motivos que mueven a los terroristas: ¿Por qué lo hacen? La formulación de la pregunta es una muestra de debilidad porque intentamos encontrar la justificación del terror. Sin embargo, la lógica terrorista no se puede racionalizar porque cuanto mayor es la dosis de terror menos podemos comprenderlo. La respuesta, es el sometimiento resignado. Por ello, en los golpes de estado sangrientos, se suelen asesinar personas apreciadas por la mayor parte de la sociedad.
Parece evidente que el terrorismo tiene éxito cuando cuenta con apoyo en una parte de la población y una justificación filosófica o religiosa. Es el caso de ETA y del IRA. De no ser así, asesinos convictos no serían tratados como héroes. En el terrorismo islámico se cuenta, además, con apoyo financiero internacional y con individuos dispuestos a la autoinmolación. 
Una sociedad que quiere vencer en una guerra de estas características, no necesita comprender las motivaciones de los asesinos; por el contrario, se precisa unidad ante el terror y determinación para acabar con el mismo. En definitiva, en vez de preguntarnos: ¿Por qué? Deberíamos expresar como Cicerón en su Primera Catilinaria: ¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia?

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)