Hace unos días observé como un
abejorro se lanzaba sobre los grafitis de colores de un muro, lo que creía una
flor era un trozo de piedra. Insistía pero nunca chocaba con la pared.
Convencido del espejismo se acabó marchando. Cada vez que suceden matanzas como
la reciente de Barcelona comprendo que la paz es un espejismo y que, a
diferencia del abejorro, siempre chocamos con el mismo muro. Cuando hablo de
paz no me refiero, por supuesto, ni a la de los cementerios ni a la de los
regímenes totalitarios.
Tras los atentados se repiten los mismos
gestos que, indudablemente, consuelan a las víctimas y a sus familias pero, en
mi opinión, son de escasa utilidad si tenemos como objetivo vencer en una guerra, no declarada, en la que
todos participamos. Necesitamos, comprender, así mismo, que nunca podremos
estar seguros del todo.
Uno de los errores más
frecuentes, es preguntarnos por los motivos que mueven a los terroristas: ¿Por
qué lo hacen? La formulación de la pregunta es una muestra de debilidad porque
intentamos encontrar la justificación del terror. Sin embargo, la lógica terrorista
no se puede racionalizar porque cuanto mayor es la dosis de terror menos
podemos comprenderlo. La respuesta, es el sometimiento resignado. Por ello, en
los golpes de estado sangrientos, se suelen asesinar personas apreciadas por la
mayor parte de la sociedad.
Parece evidente que el terrorismo
tiene éxito cuando cuenta con apoyo en una parte de la población y una
justificación filosófica o religiosa. Es el caso de ETA y del IRA. De no ser
así, asesinos convictos no serían tratados como héroes. En el terrorismo
islámico se cuenta, además, con apoyo financiero internacional y con individuos
dispuestos a la autoinmolación.
Una sociedad que quiere vencer en
una guerra de estas características, no necesita comprender las motivaciones de
los asesinos; por el contrario, se precisa unidad ante el terror y
determinación para acabar con el mismo. En definitiva, en vez de preguntarnos: ¿Por
qué? Deberíamos expresar como Cicerón en su Primera
Catilinaria: ¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia?
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)