Hace algún tiempo, en uno de esos
mercadillos de intercambio de libros de las bibliotecas, me llamó la atención
un libro de Bartolomé Bennassar titulado: Franco.
Me sorprendía que el eminente historiador francés escribiera sobre el
general Franco siendo especialista en Historia Moderna de España. Yo estudié un
manual suyo sobre la temática ya mencionada y leí con mucho interés su obra
sobre la Inquisición española. Siempre
he considerado a Bennassar como un gran historiador.
No tenía la intención de hacerme con
la biografía de Franco pero al hojearlo en las
páginas de agradecimientos del autor y del índice, aparecía el siguiente
texto escrito a mano: Este libro contiene
algunas verdades históricas, muchas mentiras y abundantes exageraciones
camufladas y con muy mala leche. Lo dice y afirma quien ha vivido este período
de la Historia de España de principio a fin. No he podido terminar la lectura
de este libro, por las muchas incorrecciones, exageraciones y falsedades que
contiene. Soy testigo imparcial de ello, por haberla vivido íntegramente. El
autor de estas notas también puso su nombre completo, la fecha: 24 de junio de
1996 y un lugar: Granada.
El párrafo ya mencionado, me animó a
hacerme con el libro y leerlo con interés. Su lectura no me ha defraudado,
Bennassar no siente simpatía por Franco pero eso no le impide tratar su etapa
de gobierno con honestidad y respeto al pueblo español al que conoce muy bien.
Creo que Bennassar no forma parte de aquellos, historiadores o no, que identifican la historia con la interpretación
política del pasado; además, en diversos momentos, el autor del libro afirma
que no es partidario de la historia con omisiones (fenómeno frecuente entre los
autores que tratan sobe la dictadura del general Franco).
Posiblemente, la persona que no fue
capaz de terminar la lectura del libro que comentamos, sesenta años después de
que comenzara la guerra civil, aún
estuviera gravemente afectada por dicha contienda. Lo expresado me hace
pensar que cuando en la Transición se
nos hablaba de “perdón y olvido” y de la necesidad de una política de concordia
nacional, muchas personas no pudieron o no quisieron asumir dichos principios.
Ahora, cuando apenas quedan supervivientes de la guerra civil, las viejas heridas
supuran de nuevo.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)