Visitar las hemerotecas es para mí
una tarea gratificante porque, a veces, encuentro lo que busco y, en ocasiones,
tropiezo con algo que no busco y acaba interesándome mucho. Las hemerotecas nos
recuerdan la fugacidad de la vida y la permanencia de lo que se ha escrito. No
debe extrañarnos, por tanto, que los tiranos y los amnésicos profesionales sean
alérgicos a este tipo de instituciones.
Hace unos días pude leer un artículo de
Julio Moro Morgado, periodista y funcionario gaditano, aparecido en el Diario de fecha 16 de octubre de 1915 y titulado: “Museo
Iconográfico”. El periodista nos informa de diversas donaciones al museo ya
nombrado, entre las que se encuentra una remitida desde el ayuntamiento de
Barcelona de cuarenta y cinco documentos relacionados con la guerra de la
Independencia y el funcionamiento de las Juntas provinciales. Así, a modo de
ejemplo, la de Barcelona en 1809 adoptó medidas como las siguientes: crear el pan de pobre mezclando harina de trigo y
otros granos para que el alimento durara más y el precio se contuviera;
prohibir el acaparamiento de granos; abrir despachos y pregonar el precio del
pan; regular la venta de carnes; levantar la prohibición de matar cerdos en los
meses de junio, julio y agosto; liberalizar la entrada de reses por cualquier
puerta de la ciudad; autorizar a los vecinos para que obtuvieran sal por
evaporación del agua del mar…
Reflexionando sobre la donación, que
han pasado más de cien años y que el modelo territorial nacido de la
Constitución de 1978 ha provocado un crecimiento alarmante de los
particularismos, llego a la conclusión de que difícilmente, una donación como
la reseñada del ayuntamiento de Barcelona, pudiera llevarse a cabo en nuestros
días.
Roque Gómez Jaén (Cádiz)