El
Diario del 24 de marzo publicó los
datos suministrados por el INE relativos al PIB –riqueza nacional-. Como es
habitual, Andalucía no sale muy bien parada porque de las 17 comunidades
autónomas ocupamos el penúltimo lugar. Parece que la autonomía que disfrutamos
no es capaz de sacarnos de los últimos puestos en los que parecemos anclados.
Da
grima comprobar que el PIB per cápita, o
lo que es lo mismo la renta por persona, en Andalucía es casi la mitad de la de
Madrid que ocupa el primer puesto. Pero lo más desalentador, es que la convergencia
con el resto de España se hace más difícil porque el año pasado Andalucía
creció por debajo de la media nacional.
En
una España en la que todo es discutible, nadie se atreve a expresar lo que
muchos ciudadanos pensamos: el sistema autonómico ha propiciado el
enfrentamiento entre las antiguas regiones; los presidentes autonómicos no se
sienten representantes del Estado y su tarea más apreciada es la creación de
agravios; el sistema creado es caro y favorece las diferencias entre los
ciudadanos de las distintas comunidades. Dichas diferencias se perciben
nítidamente en la prestación de servicios públicos como la sanidad, la
educación o el transporte. En mi opinión, se está vulnerando el principio de
igualdad establecido en la Constitución española.
Hace
años leí un libro de sociología de la educación del profesor Quintana Cabanas
donde mostraba la correlación existente entre educación y desarrollo económico
y nos recordaba el viejo principio de cualquier sociedad industrializada: A mayor educación, mayor renta. Sí es
así, estamos apañados en nuestra tierra. Voy a aportar unos datos, anteriores a
la crisis actual, extraídos del “Informe España 2004” de la Fundación Encuentro
y relacionados con la educación: Andalucía ocupaba en el año 2001 el último lugar
de las comunidades autónomas en gasto por alumno fijado en 2048,7 €. El primer lugar lo ocupaba el País Vasco con
3878,99 €. Ese mismo año, la tasa de escolaridad en educación infantil -0 a 3
años- en Andalucía era la más baja de todas las comunidades autónomas con el
1,9%; la de Cataluña, la más alta con el 27,94%. Si nos referimos al tramo de
educación infantil -3 a 5 años- también ocupábamos el último lugar con una tasa
bruta del 91,11% y nueve comunidades autónomas ya escolarizaban el 100% de
dicho alumnado.
Es
probable que el origen de nuestros males estribe en una mala negociación de las
competencias en materia educativa. Si añadimos que la administración central y
la andaluza eran del mismo color político, podríamos decir que en el pecado
está la penitencia.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)