En los últimos días del año 2017, dos
nombres de mujer han sido reiteradamente nombrados en los medios de
comunicación:
Diana Quer, cuyo cuerpo ha aparecido en un
pozo tras haber desaparecido en el verano de 2016. Probablemente, su asesino ya
está en manos de la justicia. Diana, madrileña de 18 años estaba en la flor de
la vida, pertenecía a una familia acomodada y desde su desaparición la Guardia
Civil (esa policía militarizada que tanto desprecian los enemigos de España y
que yo tanto admiro), con la tenacidad a la que nos tiene acostumbrado, ha
conseguido que la familia de Diana pueda recobrar su cadáver. Al mismo tiempo,
se tranquiliza a la población de la zona.
La otra mujer Aurelia, tenía 64 años
y estaba atendida en una residencia para mayores de Quesada (Jaén); fue llevada
al hospital de Úbeda y, tras someterla al correspondiente triaje (valoración o
selección inicial), falleció sola, en
medio del bullicio de Urgencias del hospital citado, doce horas más tarde.
Salvo su destino trágico y dos
hermosos nombres, poco tenían en común estas dos mujeres. A diferencia de lo
acontecido con Diana, la muerte de Aurelia ha pasado rápidamente al olvido.
Algunos de nuestros políticos, con la demagogia y el oportunismo de que hacen
gala, pusieron el grito en el cielo y, rápidamente, a otra cosa mariposa. A mí
me gustaría que en el caso de Aurelia, cuando se resuelva, se imite a la
Benemérita del caso Diana Quer y se nos informe a los ciudadanos de una manera
clara y sencilla. Se trata de un sano ejercicio democrático consistente en dar
cuenta del funcionamiento de los servicios públicos, y de los órganos que
tienen el deber de supervisarlos.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)